Guarda y custodia compartida: es un ideal, no una panacea

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Tengo la intención de escribir sucesivos artículos sobre la guarda y custodia de los hijos menores de edad. Ya veremos.

Como no soy un forofo de la guarda y custodia compartida, me siento en la necesidad de demostrar, dentro de lo posible, que no soy un carca, perdido en el túnel de los tiempos:

Cuando la separación matrimonial judicial requería probar una causa, fui de los primeros jueces en reconocer como tal la falta de afecto marital.

Antes de la reforma de 2005, concretamente en el año 2002, en Córdoba aprobé la primera custodia compartida, defendida por la abogada especialista en familia Isabel Pérez Sillero.

Dicté una sentencia (confirmada por la Audiencia Provincial), que tuvo repercusión nacional, en la que decretaba el divorcio, permaneciendo ambos en la misma vivienda: ¡¿Cómo es esto posible?!, pues, tal como es posible que millones y millones de parejas duerman en la misma cama, sin unos buenos días, sin unas buenas noches, sin otra relación que la de un que otro tirón de la ropa para acá o para allá, tal vez acompañado de un gruñido. En realidad, en este caso, el marido vivía desde hacía años en una habitación de la vivienda, situada al lado de la puerta de salida a la calle; comía en el bar de la esquina. Cuando ganó el pleito, cogió la maleta y se fue a Barcelona a vivir con su hija.

También en el año 2002 dicté una sentencia (confirmada por la Audiencia Provincial), aún insólita en aquella época, en la que le otorgaba el uso de la vivienda a las dos hijas habidas en el matrimonio, de 3 y 5 años, y su guarda y custodia al padre, defendido, asimismo, por la precitada abogada Isabel Pérez Sillero. La madre se había marchado del hogar para vivir con otra persona; intentado apropiarse de un dinero que estaba a nombre de sus hijas; después inició el litigio con la pretensión de recuperar a sus hijas y la vivienda, a más de obtener la correspondiente pensión de alimentos de las menores, no recuerdo si solicitaba la compensatoria.

● Qué es un menor de edad. Sí, ya sé lo de los dieciocho años. El caso es que a veces he pensado “sí, yo estoy aquí para defender a este menor; pero quién me defiende a mí de éste, que es tal como un armario”. Nunca tuve ningún problema al respecto.

● El instinto del menor, desde antes de abrir los ojos, al igual que el de todos los seres vivos, radica esencialmente en sobrevivir, en vivir. Si recibe cariño, mejor, pero ante todo lo que necesita es ser alimentado.

Quienes dicen que lo que primero que hay que darle a un niño es amor, creo que no le han visto las orejas al lobo, ni saben lo que vale un peine. Enhorabuena. Bueno, otra posibilidad es que tengan almas sublimes. Lo que respeto y admiro; pero que, gracias a Dios, no es mi caso.

● Por cierto, he oído con frecuencia que los niños son tan moldeables como la arcilla. No, los niños se amoldan a las situaciones. Los niños listos, se entiende.

● Me alarma el entusiástico y desmesurado fervor existente por la guarda y custodia compartida. Ya lo dejo apuntado. La presunción de inocencia es un concepto jurídico penal. En la vida, piensa mal y acertarás.

Por supuesto, si los dos progenitores comparten la guarda y custodia con amor y entrega, el hijo se sentirá arropado, protegido. La cuestión radica en que hay progenitores, muchos, demasiados, que lo único que quieren es comenzar una nueva vida, lo que se dice borrón y cuenta nueva; los que simplemente no quieren complicaciones; los que quieren, pero no pueden; los que ni quieren ni pueden; los “yo quiero ese divorcio en el que no hay que pagar pensión”.

Los honorarios profesionales de un divorcio con guarda y custodia compartida y, en su caso, liquidación de la sociedad de gananciales para poner punto final al uso de la vivienda, no son iguales que los de un divorcio “a la antigua”: todo el mundo da por hecho que la vivienda se la quedan los hijos y la madre, el padre paga una pensión, tiene un régimen de visitas y aquí paz y después gloria; a salvo las típicas incidencias: visitas, impagos y poco más.

● Un consejo no pedido (mala cosa): Si, ante la dificultad para la guarda y custodia compartida o no, hay alternativa (unos abuelos,…), aférrate a ella.

Una opinión: Todas estas situaciones dejan cicatrices, consérvalas, cuando llegues a la vejez es posible que sea lo único que te quede de la vida. Lo peor son las heridas abiertas, ¡ciérralas!…, si puedes. Y si no puedes, no pasa nada, la vida sigue.

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