Agravante de género, art. 22.4 Código Penal

www.caballerogea.blogspot.com

www.caballerogea.blog

caballerogea@gmail.com

En el Convenio n.º 210 del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia hacia las mujeres y la violencia doméstica, de 7 abril 2011, se define el género como «los papeles, comportamientos o actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres» (art. 3), esto es, roles sociológicamente atribuidos.

La Ley Orgánica 1/2015 modificó el artículo 22.4 Código Penal añadiendo, a las circunstancias agravantes de cometer el delito por motivo de discriminación referente al sexo de la víctima, la de actuar por motivos de discriminación por razones de género.

Con la introducción del género como motivo de discriminación en el artículo 22.4 del Código Penal — Son circunstancias agravantes: 4.ª Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad— se pretendió mejorar la solución punitiva respecto de aquellas formas delictivas, como los delitos contra la vida, que carecían hasta entonces de la agravación de violencia de género. El plus de reproche penal que implica se asocia a los comportamientos delictivos que se producen a partir de un «ámbito relacional» que pone de manifiesto dominio, poder o desigualdad entre su autor y la víctima, justificándose su superior sanción «desde el mayor desvalor y mayor gravedad propios de las conductas» (en palabras de la Sentencia Tribunal Constitucional 59/2008, de 14 de mayo).

El fundamento de la agravante se ubica en la mayor reprochabilidad que supone que el autor cometa los hechos contra una mujer por el mero hecho de serlo y en actos que implican, o llevan consigo, actos que evidencian un objetivo y fin de sentirse superior a la misma, sin que exista una exclusión por la circunstancia de que entre el sujeto activo y pasivo del delito no exista una previa relación sentimental, actual o pasada, existiendo el entendimiento para el agresor de la necesidad de sumisión y obediencia, que lleva a sentir a la víctima ser una pertenencia o posesión en ese momento del agresor, llegando a desconocerse las condiciones de igualdad que entre todos los seres humanos debe darse y presidir las acciones de los unos para con los otros. Con ello, a los elementos ya expuestos de dominación y machismo en el acto ilícito penal, añadimos el de la desigualdad en los actos que lleva consigo el sujeto activo del delito sobre su víctima. Con la inclusión de esta agravante, se amplía la protección de los derechos de las mujeres frente a la criminalidad basada en razones de género. Esto es, delitos que se agravan por constituir una manifestación específicamente lesiva de violencia y de desigualdad y dominación del hombre sobre la mujer, que atenta contra el principio constitucional de igualdad.

Del conjunto de pronunciamientos (ya abundantes) de la Sala Segunda del Tribunal Supremo en torno a la agravante de género del artículo 22.4 Código Penal y aun en el sentido en el que se ha extendido su entendimiento, no puede deducirse que esta circunstancia resulte de aplicación «automática» cada vez que se comete un delito contra la vida o la integridad física por un varón siendo la víctima una mujer. Aun partiendo de esa ampliación del ámbito de aplicación de la agravación, ésta ha de fundamentarse en una base perceptible, no indiscriminada, pues entonces dejaría de ser una circunstancia modificativa de la dimensión de la pena que el delito lleva aparejada por sí mismo para convertirse en un elemento más del tipo, a modo de un subtipo agravado natural siempre que la víctima fuese mujer. De ahí que entendamos que hayan de valorarse los elementos del contexto, personal y de la acción, combinando (sin ánimo de ser exhaustivos), las relaciones existentes (o que hubiesen existido) entre ambos, los móviles del delito en concreto, la situación fáctica en la que se desencadenan los hechos, los antecedentes de la relación que les une, la trayectoria de su convivencia (en su caso).

Cuestión distinta es la agravante de parentesco del artículo 23 del Código Penal —Artículo 23. Es circunstancia que puede atenuar o agravar la responsabilidad, según la naturaleza, los motivos y los efectos del delito, ser o haber sido el agraviado cónyuge o persona que esté o haya estado ligada de forma estable por análoga relación de afectividad, o ser ascendiente, descendiente o hermano por naturaleza o adopción del ofensor o de su cónyuge o conviviente—.

La doctrina apunta, en cuanto a la admisión de la compatibilidad de ambas agravantes, que la circunstancia mixta de parentesco prevista en el artículo 23 del Código Penal tiene un fundamento objetivo de agravación que se aplica siempre que medie entre autor y víctima las relaciones previstas en el mismo, mientras que la agravante de género prevista en el art. 22.4º Código Penal tiene un fundamento subjetivo, necesitando que concurra en el autor del delito una ánimo de mostrar su superioridad frente a la víctima mujer y demostrarle que ésta es inferior por el mero hecho de serlo. Con ello, no se vulnera la prohibición de doble valoración (non bis in idem) por la aplicación de ambas, ya que existen dos hechos distintos, que no se tienen que dar necesariamente juntos, y que permiten fundamentar la agravación en uno y otro caso. También pone de manifiesto la doctrina que la agravante por razón de género se fundamenta, precisamente, en la discriminación que sufre la mujer en atención al género, y ello con independencia de la existencia o no de una relación de pareja entre la víctima y el sujeto activo. Por su parte, la agravante de parentesco se asienta en el menosprecio a los deberes morales u obligaciones que imponen las relaciones familiares o de afectividad, presentes o pretéritas. En consecuencia, resulta de aplicación, en su caso, las dos circunstancias modificativas de responsabilidad criminal.

No cabe hacer extensiva la agravante del parentesco del artículo 23 al delito de coacciones, al integrar el tipo en el apartado 2 del artículo 172 la condición del sujeto pasivo a la esposa o mujer que esté o haya estado ligada por análoga relación de afectividad. Respecto a la agravante por razón de género del artículo 22.4 del Código Penal sí que procede su imposición por los mismos argumentos dados. Con su conducta y el sometimiento de la víctima a su voluntad, vuelve nuevamente el acusado a envilecer a la mujer quedando sujeta a su arbitrio. Se la humilla y se la menosprecia en esa condición de inferioridad por su género.

▄▄▄▄▄

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.