Seguro de vehículos a motor. Traumatismos cervicales menores, algias.

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A) Consideraciones globales previas

B) Correlación de los artículos 35, 37.1 y 135

C) El difícil entendimiento del artículo 135

D) Régimen específico, Dictamen 3/2016 Fiscal

E) «Algias cronificadas y permanentes», una secuela

F) Determinación del daño, criterios de causalidad genérica, art. 135.1

a) Conclusión 23ª Dictamen 3/2016 Fiscal

b) Pautas para acreditar las patologías cervicales

c) Criterio de exclusión, art. 135.1 a)

d) Criterio cronológico, artículo 135.1 b)

e) Criterio topográfico, artículo 135.1 c)

f) Criterio intensidad, informes biomecánicos, 135.1 d)

1. Levedad del impacto

2. «Latigazo cervical», «whiplash»: “alcance”

3. Periciales biomecánicas

g) Gravedad y alteraciones del esguince cervical, Grupo de Quebec

G) Informes médicos en el Real Decreto Legislativo 8/2004

a) Clases

b) Informe médico concluyente, art. 135.2

c) Informe médico ajustado a las reglas del sistema

d) Informes médicos y la prueba pericial médica

H) A los demás traumatismos menores columna vertebral, art. 135.3

I) Prueba

a) Subjetiva dolor cervical: no implica prueba diabólica

b) Pero sea como sea debe haber un «proceso curativo»

c) Carga de la prueba

Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM]

A) Consideraciones globales previas

El artículo 1 Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor impone al causante de los daños la obligación de proceder a la indemnización de los daños causados en su totalidad, obligación de resarcimiento que también corresponde a la entidad aseguradora, como viene señalando la jurisprudencia el seguro obligatorio de responsabilidad civil, a tenor de la normativa que lo regula, es una manifestación de la responsabilidad por riesgo, principio reconocido de modo expreso por el artículo 1.1 del Texto Refundido de la Ley de Responsabilidad Civil en la Circulación de Vehículos a Motor (aprobado por Real Decreto legislativo 8/2004, de 29 de octubre señala que » El conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de estos, de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación». La responsabilidad proclamada en este precepto no admite otras exclusiones que la culpa exclusiva de la víctima o la fuerza mayor extraña a la conducción o al funcionamiento del vehículo.

Ahora bien es necesario que la parte que reclama el resarcimiento de los daños por las lesiones, o secuelas, sufridas acredite la relación de causalidad entre los daños reclamados y el hecho dañoso, la entidad aseguradora debe proceder al resarcimiento de la indemnización correspondiente por las lesiones sufridas, como consecuencia del accidente de tráfico, pero es necesario que la parte actora acredite la existencia de las lesiones, en base a las cuales se reclama esa indemnización, así como la relación de causalidad entre ese accidente y las lesiones por las que se reclama.

El artículo 134 de la ley 35/15, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación, prevé:

«1. Son lesiones temporales las que sufre el lesionado desde el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela.

2. La indemnización por lesiones temporales es compatible con la que proceda por secuelas o, en su caso, por muerte y se cuantifica conforme a las disposiciones y reglas que se establecen en este Capítulo y que se reflejan en los distintos apartados de la tabla 3 que figura como Anexo.

3. La tabla 3 contiene tres apartados:

a) La tabla 3.A establece la cuantía del perjuicio personal básico de acuerdo con los criterios y reglas de este sistema.

b) La tabla 3.B establece la cuantía de los perjuicios personales particulares de acuerdo con los criterios y reglas de este sistema.

c) La tabla 3.C establece la cuantía de los perjuicios patrimoniales, distinguiendo las categorías del daño emergente y del lucro cesante, de acuerdo con los criterios y reglas de este sistema».

El artículo 135 de la Ley 35/2015 establece textualmente lo siguiente:

«1. Los traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias, se indemnizan como lesiones temporales, siempre que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica siguientes:

a) De exclusión, que consiste en que no medie otra causa que justifique totalmente la patología.

b) Cronológico, que consiste en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable. En particular, tiene especial relevancia a efectos de este criterio que se hayan manifestado los síntomas dentro de las setenta y dos horas posteriores al accidente o que el lesionado haya sido objeto de atención médica en este plazo.

c) Topográfico, que consiste en que haya una relación entre la zona corporal afectada por el accidente y la lesión sufrida, salvo que una explicación patogénica justifique lo contrario.

d) De intensidad, que consiste en la adecuación entre la lesión sufrida y el mecanismo de su producción, teniendo en cuenta la intensidad del accidente y las demás variables que afectan a la probabilidad de su existencia.

2. La secuela que derive de un traumatismo cervical menor se indemniza sólo si un informe médico concluyente acredita su existencia tras el período de lesión temporal.

3. Los criterios previstos en los apartados anteriores se aplicarán a los demás traumatismos menores de la columna vertebral referidos en el baremo médico de secuelas».

Esta exigencia legal se ve reforzada en el artículo 37 del mismo texto normativo, en cuyo punto 1 se establece que la determinación y medición de las secuelas y de las lesiones temporales ha de realizarse «mediante informe médico ajustado a las reglas de este sistema».

El legislador, consciente de la alta frecuencia con que los accidentes de circulación se saldaban con traumatismos cervicales menores no susceptibles de objetivación con los actuales medios de la ciencia médica, ha tratado de fijar los criterios conforme a los cuales deben enjuiciarse litigios como el que aquí nos ocupa señalando al respecto en el artículo 135 de la LRCSCVM que «los traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias, se indemnizan como lesiones temporales, siempre que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica siguientes: a) De exclusión. b) Cronológico. c) Topográfico. d) De intensidad. Pero en la interpretación de este precepto suele incurrirse en una equivocación: Se limita a las algias cervicales que se diagnostican en base exclusivamente a lo manifestado por el lesionado y no pueden verificarse o corroborarse, en tanto en cuanto que sí es posible la aportación de la prueba pericial pertinente.

El artículo reseñado establece una serie de pautas a tener en cuenta para evaluar la existencia de nexo causal, pero sin que el dato del tiempo que medie entre la producción del siniestro y la atención médica determine de forma inexorable la existencia o inexistencia de nexo causal.

Nótese que la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, establece, en la redacción del artículo 135, que como los traumatismos cervicales menores no resultan susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias, la previsión legal —orientada a evitar la incertidumbre probatoria que las lesiones subjetivas de tal naturaleza provocan y la evitación de abusos— exige que, que para que se indemnicen como lesiones temporales deben pasar, no sólo unos criterios estrictos de causalidad genérica (De exclusión; Cronológico; Topográfico; y De intensidad), sino que también deben fundarse en un marco probatorio mínimo y estricto, consistente en la aportación de «un informe médico concluyente» que acredite su existencia tras el período de lesión temporal. Siendo la conclusión que la falta de dicho informe que, además de los descritos aspectos formales, impide la atribución de suficiente certeza acreditativa a las pretensiones actoras, determina la imposibilidad de estimación de la demanda en este punto. Siempre sobre la base de que la prueba de la acreditación de las lesiones, su alcance y su relación de causalidad con el siniestro corresponde a la actora, determinándose, como causa de la desestimación de la demanda, la falta de tal prueba de tales circunstancias o las dudas subyacentes sobre las mismas, las cuales no han sido despejadas por la actora en el caso de autos (artículos 217, 1 y 2 de la Ley de Enjuiciamiento Civil). La no incorporación del informe médico ajustado a las reglas del sistema de valoración contenido en la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, tal como exige la normativa, impide alcanzar convencimiento sobre cuál ha sido el resultado lesivo y, por ende, los perjuicios personales cuya indemnización se reclama.

La ciencia médica no ha llegado a conclusiones inequívocas a la hora de discriminar los dinteles mínimos de resistencia del organismo a las transmisiones de energía inherentes al impacto entre dos automóviles, y por el contrario ha considerado que en esa ecuación intervienen múltiples factores tan específicos y casuísticos como el ángulo del impacto, la posición del cuerpo al momento de la colisión o la actitud corporal previa al choque, según que este hubiera sorprendido por completo al perjudicado o por el contrario hubiera adoptado una posición defensiva en respuesta a un siniestro que se revelaba inminente e inevitable.

Y finalmente el artículo 136 de la ley 35/2015 establece que «1. El perjuicio personal básico por lesión temporal es el perjuicio común que se padece desde la fecha del accidente hasta el final del proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela. 2. Su valoración económica se determina mediante la cantidad diaria establecida en la tabla 3.A».

En cuanto al perjuicio por pérdida de calidad de vida, de acuerdo con el artículo 138 de la ley 35/2015 puede ser muy grave, grave o moderado, en todo caso, impedimento psicofísico para llevar a cabo la actividad laboral o profesional se reconduce a uno de los tres grados precedentes, por el contrario, se entiende por perjuicio moderado, aquél en el que el lesionado pierde temporalmente la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal.

● Valoración del daño corporal. Aplicación del artículo 135 Ley 35/2015.

En la actualidad, los traumatismos menores en columna basados en las manifestaciones del lesionado sobre la existencia de dolor (no susceptibles de verificación mediante pruebas médicas) se consideran lesión temporal siempre que puedan vincularse causalmente con el accidente con arreglo a los criterios de causalidad, esto es, intensidad, cronología y zona de impacto. Excepcionalmente podrán considerarse como secuela (artículo 135.2) pero solo en el caso de que exista un informe médico concluyente que acredite su existencia tras un periodo de incapacidad temporal.

El artículo 134.1 de la ley 35/2015 dispone que «son lesiones temporales las que sufre el lesionado desde el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela».

Por tanto, el período de sanidad comprende el período que va desde el siniestro hasta el fin del proceso curativo o la estabilización lesional.

Procede ahora determinar qué días constituyen perjuicio moderado y cuáles perjuicio básico.

El artículo 136 establece que el perjuicio personal básico por lesión temporal es el perjuicio común que se padece desde la fecha del accidente hasta el final del proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela.

Por otro lado, los artículos 137 y 138 determinan el perjuicio personal particular que indemniza la pérdida temporal de calidad de vida compensando el perjuicio moral particular que sufre la víctima por el impedimento o la limitación que las lesiones y el tratamiento producen en su autonomía o desarrollo personal; distinguiéndose tres grados: muy grave, grave y moderado.

Y el artículo 138.4 indica que «el perjuicio moderado es aquél en el que el lesionado pierde temporalmente la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal».

Por tanto, se trata de valorar si la lesionada estuvo impedida para llevar a cabo sus actividades específicas de desarrollo personal.

El artículo 54 de la ley define tal concepto e indica «A efectos de esta Ley se entiende por actividades de desarrollo personal aquellas actividades, tales como las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de la persona como individuo y como miembro de la sociedad».

B) Correlación de los artículos 35, 37.1 y 135

La Ley 35/2015 de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidente de circulación, en su artículo 35 establece:

«La correcta aplicación del sistema requiere la justificación de los criterios empleados para cuantificarlas indemnizaciones asignadas según sus reglas, con tratamiento separado e individualizado de los distintos conceptos y partidas resarcitorias por los daños tanto extra patrimoniales como patrimoniales«.

El artículo 37.1 añade:

«La determinación y mediación de las secuelas y de las lesiones temporales ha de realizarse mediante informe médico ajustado a las reglas de este sistema»

Este último precepto hay que ponerlo en relación con el tipo de traumatismo que se reclama, así el artículo 135 de la citada ley establece una normativa específica para las indemnizaciones por traumatismos menores de la columna vertebral.

C) El difícil entendimiento del artículo 135

El artículo 135 de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM] es de difícil entendimiento; en su nº 1 contempla el supuesto de los «traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia del dolor» y al respecto conviene advertir que se refiere, exclusivamente, a las afectaciones de la zona cervical de la columna vertebral y que ha de tratarse de traumatismos cuyo diagnóstico por el Técnico se hace en base a la manifestación de dolor del propio paciente, lo que sugiere, como supuesto más cercano, el traumatismo conocido como el latigazo cervical que cursa, como manifestación más caracterizadora, con dolor referido por el paciente con toda la carga de subjetividad que comporta esta sintomatología.

Se discute sobre si el término «traumatismo cervical menor» hace referencia a la intensidad de la causa de la producción (impacto leve de los vehículos) o a la propia dolencia, pareciendo lo más cabal referirlo a lo segundo, pues entre los criterios que, a renglón seguido, se establecen para establecer el nexo causal se contempla el de la intensidad (que, a su vez y también, incluye el etiológico).

El traumatismo al que se refiere el ordinal 1 del artículo 135 es uno caracterizado por la existencia de dolor manifestado por el propio perjudicado, que no es verificable mediante pruebas médicas complementarias, lo que plantea la disyuntiva de si debe de excluirse la concurrencia del traumatismo si las pruebas médicas complementarias son negativas contradiciendo la afirmación del perjudicado o, si por el contrario, lo que perfila y delimita el supuesto es precisamente que las pruebas médicas complementarias hayan resultado negativas, pareciendo la más cabal lo segundo, pues de otro modo tanto supondría otorgar a las pruebas médicas una plena fiabilidad que no se corresponde con la experiencia como asimismo privar de utilidad los criterios de causalidad que recoge el precepto.

Tampoco describe el precepto que debe de entenderse por «pruebas médicas complementarias«, aunque lo más cabal es entender que, entre ellas, se excluye la exploración por el médico y así es como se entiende en la práctica forense y resulta lo más lógico si se considera que el supuesto de la norma es uno en que el traumatismo se diagnostica en base a la propia manifestación de dolor del paciente, es decir, que no resulta de la exploración por el facultativo pues, a contrario sensu, si no fuese así y resultase de la exploración, las «pruebas médicas complementarias» vendrían pautadas para corroborar o profundizar en el diagnóstico resultante de la exploración y por eso que lo relevante es si el facultativo describe o no el traumatismo resultante de su exploración como apreciación propia o por referencia del paciente.

Dicho lo anterior, la regulación se torna aún más críptica cuando entramos al análisis de los números 2 y 3 del artículo 135 que se refiere a las secuelas, que es lo que nos ocupa.

En el nº 2 se regula la secuela que pudiera derivar de un traumatismo cervical menor, exigiendo para su reconocimiento e indemnización la incorporación de un «informe médico concluyente».

El primer interrogante que sobreviene es si la secuela a que se refiere el precepto ha de ser consecuente a un traumatismo cervical de aquellos concretos a que se refiere el nº 1 (cuyo diagnóstico es con base exclusiva a la referencia al dolor que hace el paciente) o va dirigido al género, es decir, a cualquier «traumatismo cervical menor», en cuyo caso la dificultad reside en concretar que debe de etiquetarse de traumatismo menor.

La tabla 2-A1, en su capítulo III, dedicado al sistema músculo esquelético, en lo que se refiere a la columna vertebral, distingue «traumatismos menores de la columna vertebral» de, sin más, columna vertebral, comprendiendo dentro del primero todos lo que, siendo menores, afecten a la columna vertebral, y de nuevo a éstos se refiere el artículo 135 en su nº 3, sometiendo su apreciación tanto a la aportación de un informe médico concluyente como a los criterios de causalidad el nº 1.

Luego, lo primero es distinguir los traumatismos menores de la columna de los que no lo son, pareciéndonos que por tales entiende la ley aquellos que puedan etiquetarse de leves, tomando por referencia la entidad o intensidad del traumatismo (que no del mecanismo de producción), indicación sobre la que debería manifestarse el informe médico (artículo 37 de la Ley) y, sino, tomando en consideración la sintomatología de la lesión, su grado de intensidad. Sentencia Audiencia Provincial Oviedo, Sec. 5, 06 noviembre 2018, 385/2018, 433/2018.

D) Régimen específico, Dictamen 3/2016 Fiscal

Dictamen 3/2016 del Fiscal de Sala Coordinador de Seguridad Vial sobre la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación.

El artículo 135 desarrolla un régimen específico para los traumatismos menores de columna vertebral sin que el legislador explique en el Preámbulo su razón de ser en un concepto como éste que sabido es constituye partida muy relevante en el total de indemnizaciones que abonan las entidades aseguradoras. No se dice si lo inspira, como parece, el deseo de atajar el fraude existente, pues sobre él no hay cuantificaciones fiables ni tampoco, correlativamente, sobre las lesiones reales de este orden y sus consecuencias.

La tramitación del anteproyecto de ley de reforma por la vía de urgencia, prescindiendo, por tanto, de los informes consultivos y su rápida tramitación parlamentaria en la Comisión de Economía y Competitividad (con competencia legislativa plena, conforme al artículo 148 del Reglamento del Congreso) hacen inviable conocer la finalidad.

El supuesto normativo lo constituyen los traumatismos menores de columna vertebral mencionados en el nomen del precepto, noción o catalogación médica descrita en el Baremo Médico de la Tabla 2.A.1, capítulo III B) apartado 1 titulado “Traumatismos menores de la columna vertebral” por lo que, en principio, habrá de acudirse a su contenido descrito en el código 03005 como “algias postraumáticas cronificadas y permanentes y/o síndrome cervical asociado y /o agravación de artrosis previa”, incluyéndose tres supuestos distintos que pueden concurrir conjunta o separadamente.

El artículo 135 diferencia la regulación de los traumatismos cervicales menores (art 135.1 y 2.) y la de los “demás traumatismos menores de columna vertebral referidos en el baremo médico de secuelas” (artículo 135.3) y por tanto hace referencia única al código mencionado por lo que habrá de distinguirse el “síndrome cervical asociado de un lado “y las algias cronificadas y permanentes y agravación de artrosis previa” por otro.

En el apartado 2 del capítulo III B) se regulan las secuelas de columna vertebral “no derivada de traumatismo menor “y en ella y en los códigos 03008 y 03013 se incluyen respectivamente la agravación de artrosis previa y las algias postraumáticas sin compromiso radicular y/o síndrome cervical asociado, con lo que la primera se considera ahora, contrariamente no derivada de traumatismo menor.

En cuanto a las algias postraumáticas aun cuando aquí no se precisa la cronificación y permanencia, dada la puntuación nos hallamos ante idéntico concepto (son derivadas sin duda de traumatismo menor) y lo mismo puede afirmarse del síndrome cervical asociado. Este último parece referirse al asociado a latigazo cervical (SLC —Síndrome del Latigazo Cervical—).

Los demás cuadros descritos en el apartado 2, pese a ser de cercana puntuación quedan extramuros del artículo 135.

La horquilla del cuadro legalmente previsto es de 1 a 5 puntos, de forma que, aun adjudicada la puntuación máxima de 5 puntos, nunca dará lugar a indemnización por pérdida de calidad de vida al haberse establecido como puntuación mínima exigible la de 7 puntos, salvo que el lesionado haya quedado reconocidamente afectado por una incapacidad permanente laboral de grado parcial.

Antes de continuar debe resaltarse además la contradicción entre el artículo 135.1 y los artículos 93.1 y 96.1, dado que estos dos últimos definen las secuelas con referencia a las descritas en el Baremo médico donde se hallan las examinadas mientras el primero afirma que se indemnizan como lesiones temporales, pareciendo encontrar fundamento en la referida nota 2 de la Tabla 2 comentada ut supra.

Puede desprenderse del texto en relación con el artículo 135.2 que la intención es dejar sin efecto en estos casos el régimen de determinación, puntuación y valoración de secuelas de los artículos 95-104 y aplicarlo con carácter excepcional “… sólo si un informe médico concluyente…”.

Esta inteligencia de la norma debe rechazarse pues iría contra el régimen general del perjuicio personal básico y contra el principio de vertebración y como se dirá más adelante el alcance del artículo 135.2 es estrictamente probatorio.

En cualquier caso, el artículo 135 se refiere a los traumatismos cervicales menores diagnosticados en base a “la manifestación del lesionado sobre la existencia del dolor y que no son susceptibles de pruebas médicas de verificación”, por lo que es preciso que no sean viables pruebas médicas para constatar u objetivar el diagnóstico. La indemnización se hace depender de que “la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica siguientes:

a) Criterio de exclusión, consistente en que no medie otra causa que justifique totalmente la patología. Podría pensarse para el SLC [Síndrome del Latigazo Cervical] en patologías previas como la artrosis cervical, etc.

b) Criterio cronológico, consistente en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable. En particular se da especial relevancia a que los síntomas se hayan manifestado dentro de las 72 horas siguientes al accidente (se acreditará por los medios de prueba admitidos en derecho) o que el lesionado haya sido objeto de atención médica (informe médico).

Criterios judiciales mantienen que el lapso temporal de 72 horas es indicativo. No se fija un límite temporal a partir del cual de forma inexorable deba entenderse roto el nexo causal. El que los síntomas de la lesión se hayan manifestado dentro de dicho plazo se considera un dato de «especial relevancia», es decir, un dato a tener en especial consideración a la hora de evaluar el conjunto de circunstancias que concurran al objeto de determinar si queda debidamente acreditada la existencia de la relación causa-efecto entre el siniestro y las lesiones, pero obviamente, no impide que, apreciando las circunstancias concurrentes, se llegue a la conclusión de que existe nexo causal aunque la primera atención médica por causa de las lesiones se produzca cuando hayan transcurrido más de 72 horas.

c) Criterio topográfico plasmado en la relación entre la zona corporal afectada por el accidente y la lesión sufrida, salvo que una explicación patogénica justifique lo contrario.

d) Criterio de intensidad, radicado en la adecuación entre la lesión sufrida y el mecanismo de su producción, teniendo en cuenta la intensidad del accidente y las demás variables que afecten a la probabilidad de su existencia.

A diferencia de lo previsto en el proyecto de ley, la fórmula no conlleva exigencias biomecánicas, sino tener en cuenta la intensidad de la colisión junto con otros factores que favorecen el nacimiento de la lesión cervical. El artículo 135 no los enumera, pero sí los reconoce cuando señala “y las demás variables que afecten a la probabilidad de su existencia”, esto es, entre otros, vehículo parado, imprevisibilidad de la colisión, posición del cuello, musculatura más o menos desarrollada en la zona afectada, la existencia de lesiones previas, etc.

Veamos el alcance de la norma que establece un aparente e injustificado régimen singular en relación con otras lesiones o secuelas no objetivables o constatables mediante pruebas médicas.

La clave es, desde una interpretación conceptual y sistemática, centrar la naturaleza de la materia regulada que no es otra que la causalidad entre hecho o acción y resultado, dentro de la teoría general del derecho civil y penal. Bueno es recordar que la ley 35/2015 es una norma perteneciente al ordenamiento jurídico-civil y dentro de él al llamado Derecho de daños, por lo que la doctrina científica y jurisprudencial en torno a él elaborada le es de aplicación con las singularidades derivadas de las previsiones específicas de la Ley 35/2015.

El artículo 1 LRCSCVM adopta, como es sabido, un sistema de responsabilidad o imputación objetiva del resultado lesivo basada en el principio del riesgo al establecer que “El conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de éstos, de los daños causados a las personas o a los bienes en la circulación”.

Los criterios de imputación presuponen la causalidad material y directa, fundada entre otros principios o teorías en la adecuación entre el accidente (colisión o atropello) y la lesión, materia regida por los principios generales de causalidad del derecho de daños y en concreto por el artículo 32 “… daño corporal ocasionado por hechos de la circulación regulados en esta ley” (en esta línea, entre otras Sentencia Tribunal Supremo de 30 noviembre 2012 —rec. 737/2008— y 11 junio 2012 —rec. 2076/2009-). Buena prueba de ello es que el propio artículo 135 se refiere a “criterios de causalidad genérica…”, es decir, aplicables a otras lesiones y secuelas. En realidad, y profundizando en los criterios expuestos, se llega a la conclusión de que no definen la esencia de la citada causalidad material sino su prueba, aun cuando el deslinde de los elementos sustantivos y probatorios sea complejo.

Es claro lo que exponemos en el artículo 135.1 b), pues el criterio cronológico, la aparición de los síntomas en tiempo médicamente explicable, es de naturaleza jurídico-probatoria, en tanto que el de intensidad del artículo 135.1 d) es de naturaleza sustantiva estructurado sobre la teoría de la causalidad adecuada y conceptos probabilísticos.

En definitiva, son criterios o pautas causales de valor general y que no suponen diferencias conceptuales en relación con las demás lesiones (estadísticamente muy numerosas) y secuelas en las que no hay asistencia médica inmediata ni clara verificación o evidencia médica. Debe tenerse en cuenta que incluso en lesiones con atención médica inmediata es de aplicación el artículo 135 d) para determinar cuál es el resultado lesivo imputable conforme a la teoría de la adecuación al accidente y cuál el estado de minoración anterior de la salud (art 100).

En resumen, el artículo 135 explicita criterios de general aplicación como reconoce el legislador (“causalidad genérica”) con singular relieve en los supuestos de inexistencia de verificación mediante pruebas médicas complementarias por la mayor complejidad de la prueba y no por otro motivo no explicitado.

En todo caso la voluntad legislativa es de una mayor exigencia en la constatación causal y de ahí que deba existir un plus de motivación en el informe médico obligado del artículo 37.1 que habrá de ajustarse a estos criterios.

E) «Algias cronificadas y permanentes», una secuela

El baremo médico de secuelas (Tabla 2 A) incorporado al Anexo de la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación, no contempla secuelas independientes por algias para las diferentes zonas de la columna, sino que, dentro de los traumatismos menores de la columna vertebral, describe como secuela la de «algias postraumáticas cronificadas y permanentes y/o síndrome cervical asociado y/o agravación de artrosis previa» (código 03005) a la que se asigna una puntuación anatómico funcional de 1-5, matizando después, dentro de las algias postraumáticas, la característica de «sin compromiso radicular y/o síndrome cervical asociado» (código 0313), con igual puntuación de 1-5.

Por otro lado, el artículo 97 de la citada Ley (que establece «las reglas del aplicación del perjuicio») señala que se adjudica a cada secuela una puntuación fija o la que corresponda dentro de la horquilla (núm. 2), puntuación que ha de otorgarse teniendo en cuenta la intensidad y gravedad desde el punto de vista anatómico funcional (núm. 1); por otro lado, con relación a los traumatismos menores de la columna vertebral, el artículo 135 de la misma Ley establece unas reglas especiales, de modo que se indemnizan como lesiones temporales, siempre que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica que reseña a continuación, precisando (en su núm. 2) que la secuela que derive de un traumatismo cervical menor se indemniza sólo si un informe médico concluyente acredita su existencia tras el período de lesión temporal, lo que, según el núm. 3, se aplicará a los demás traumatismos menores de la columna vertebral referidos en el baremo médico de secuelas.

F) Determinación del daño, criterios de causalidad genérica, art. 135.1

Artículo 135. Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral. Real Decreto Legislativo 8/2004

1. Los traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias, se indemnizan como lesiones temporales, siempre que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica siguientes:

a) De exclusión, que consiste en que no medie otra causa que justifique totalmente la patología.

b) Cronológico, que consiste en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable. En particular, tiene especial relevancia a efectos de este criterio que se hayan manifestado los síntomas dentro de las setenta y dos horas posteriores al accidente o que el lesionado haya sido objeto de atención médica en este plazo.

c) Topográfico, que consiste en que haya una relación entre la zona corporal afectada por el accidente y la lesión sufrida, salvo que una explicación patogénica justifique lo contrario.

d) De intensidad, que consiste en la adecuación entre la lesión sufrida y el mecanismo de su producción, teniendo en cuenta la intensidad del accidente y las demás variables que afectan a la probabilidad de su existencia.

a) Conclusión 23ª Dictamen 3/2016 Fiscal

Dictamen 3/2016 del Fiscal de Sala Coordinador de Seguridad Vial sobre la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación.

Los criterios de causalidad de los traumatismos cervicales menores de columna vertebral del artículo 135 no pueden significar un régimen privilegiado para este tipo de lesiones que no tendría justificación, sino la explicitación de los criterios genéricos de causalidad del derecho de daños que sólo tienen consecuencias en el deber reforzado de motivación del informe médico. Se indemnizan como secuela cuando se haya producido la estabilización con el mismo régimen que las demás definidas en el artículo 93.

La expresión “informe concluyente” no significa la exigencia de una prueba de eficacia especial al margen de las normas generales de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

b) Pautas para acreditar las patologías cervicales

El artículo 135 Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], introducido por Ley 35/2015, de 22 de septiembre, establece unas pautas para tener acreditadas las patologías, traumatismos cervicales menores, que sólo se referencian con manifestaciones del lesionado, no por pruebas complementarias u objetivas.

A) Criterio de intensidad

En cuanto a la entidad de los daños, una de las primeras variantes que ha de tener el juez en cuenta para determinar si las lesiones que reclama el perjudicado provienen de un siniestro de baja entidad o intensidad, es analizar el golpe sufrido. Como expresa la propia parte, un golpe de baja o pequeña intensidad puede producir lesiones, y ello viene dado porque a pesar de la baja intensidad del golpe, éste puede producir un movimiento brusco que ocasiones lesiones en zonas cervicales o lumbares.

Así hemos de reconocer ante un siniestro de escasa entidad, que hubo movimiento brusco que produjo lesiones derivadas del movimiento corporal repentino que determinaría la flexión o extensión excesiva de la columna y que puede compadecerse con las lesiones que se reclaman.

En efecto, los partes médicos de asistencia así lo reflejan el mismo día del siniestro, sin que podamos considerar que «la clínica» que presentaban los pacientes, tenga que ser «inventada» a fortiori, y los médicos supeditados a la mera manifestación subjetiva de los pacientes, máxime cuando son ajenos al proceso.

Ya hemos visto que en las colisiones por alcance de baja intensidad, los daños corporales que habitualmente se producen se concretan en lo que se denomina «latigazo cervical/lumbar», es decir, un movimiento brusco de aceleración o parada del tronco, que da lugar a una inclinación de la cabeza en sentido contrario, con la correspondiente flexión de la columna cervical, tensionando los músculos y los ligamentos del cuello más allá de su rango normal de movimiento, a los que se asocian diversos síndromes, como serían el cervical, el cérvico-braquial, el cérvico-medular o el cérvico-cefálico, o lumbar. Por tanto, la poca intensidad del choque es un indicio que lleva a concluir que las lesiones no pueden ser de extrema gravedad o continuadas en el tiempo, pero no que las lesiones sin más no existan, habrá que acudir a otros indicios para responder a esto, que en nuestro caso fundamos en la atención prestada a los pacientes tanto en la Seguridad Social, como en la clínica privada a la que acudieron dos de ellos, y el tratamiento pautado a los mismos.

B) Criterio cronológico: asistencia médica

Es otro elemento para determinar si ha habido lesiones tras un siniestro de pequeña entidad, si bien no para determinar su alcance concreto, es que el perjudicado haya acudido en un periodo de tiempo «breve» en relación con la producción del siniestro, a un centro médico o urgencias hospitalarias, y se le hayan diagnosticado dichas lesiones.

El hecho de existir un parte médico inmediato o muy próximo en el tiempo a un siniestro de escasa entidad, es una prueba objetiva que el siniestro ha podido producir lesiones en el perjudicado. Actualmente, el artículo 135 Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], lo sitúa en las 72 horas siguientes al siniestro; no obstante, creo que no se debe ser excesivamente riguroso en estos casos, pues dicho periodo puede sobrepasarse levemente, en casos excepcionales.

C) Existencia de patología previa, criterios de exclusión y topográfico

Este elemento que ha de valorado el juez a quo para poder determinar si una lesión es consecuencia de un accidente de baja entidad o intensidad, es la existencia o no de patologías previas en el perjudicado. El tipo de colisión por impacto trasero, estando el vehículo en el que viajaban los lesionados parado, es compatible con el resultado que además se acreditó médicamente, de la que fueron asistidos a partir del día del siniestro. Sentencia Audiencia Provincial Madrid, Sec. 10, 18 julio 2019, 388/2019, rec. 464/2019.

c) Criterio de exclusión, art. 135.1 a)

El criterio de exclusión consiste en que no medie otra causa que justifique totalmente la patología, es decir que no exista otra causa probada que justifique las lesiones, sin que pueda olvidarse que una colisión puede provocar que afloren o se agraven dolencias previas.

Concurre cuando no constan antecedentes médicos de que viniera padeciendo dolores cervicales y lumbalgia, pues solo consta el antecedente previo de otro accidente sufrido hace dos años por alcance con lesiones, pero sin más precisiones, y a nada de ello se refiere el informe de urgencias, del MAP o del médico rehabilitador.

Se acredita cuando no constan antecedentes médicos de dolores cervicales y lumbalgia, por cuanto que a nada de ello se refiere el informe de urgencias, ni el historial médico, ni lo informes de otros centros asistenciales o la Inspección Médica.

d) Criterio cronológico, artículo 135.1 b)

El criterio cronológico consiste en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable.

En particular, tiene especial relevancia a efectos de este criterio que se hayan manifestado los síntomas dentro de las setenta y dos horas posteriores al accidente o que el lesionado haya sido objeto de atención médica en este plazo, artículo 135.1 b).

El criterio cronológico consiste en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable, teniendo especial relevancia a efectos de este criterio que se hayan manifestado los síntomas dentro de las setenta y dos horas posteriores al accidente o que el lesionado haya sido objeto de atención médica en ese plazo.

Ello se basa en criterios de experiencia que indican que determinados procesos patológicos pasan por un periodo en que están latentes, pero que tales periodos oscilan entre unos límites determinados que no se sobrepasan, siendo frecuentes los supuestos de inicial automedicación o reparos a la atención médica.

Aunque también se ha afirmado que tal límite temporal no tiene excesiva base científica y algún profesional alude a la posible aparición de esos primeros síntomas en momento posterior, destacando incluso que el acompañamiento a otros accidentados más graves puede dejar en segundo plano la contemplación de la propia lesión. Con este criterio se está aludiendo no al momento en que se acude al médico, sino a aquel en que aparecieron los síntomas.

El criterio cronológico se cumple cuando la necesidad de asistencia médica tras un accidente se produce sin haber transcurrido 24 horas.

e) Criterio topográfico, artículo 135.1 c)

El criterio topográfico consiste en que haya una relación entre la zona corporal afectada por el accidente y la lesión sufrida, salvo que una explicación patogénica justifique lo contrario, artículo 135.1 c) LRCSCVM y se cumple cuando los golpes por alcance trasero, que tienen habitualmente repercusiones a diversos niveles de la columna, con especial incidencia en el segmento cervical, y generan contracturas de la musculatura que lo sustenta.

f) Criterio intensidad, informes biomecánicos, 135.1 d)

1. Levedad del impacto

La discusión acerca del criterio de intensidad se ha convertido en el extremo más debatido tras la reforma introducida por la ley 35/2015, de modo que la existencia de las lesiones se intenta desvirtuar a través de pruebas biomecánicas que tratan de demostrar que el golpe fue de tan baja intensidad que no pudo causar el daño.

Resulta controvertido a nivel científico establecer relaciones entre la intensidad de los daños y la intensidad de las lesiones, pues en accidentes con baja velocidad no siempre las lesiones son mínimas e insignificantes. Muchos médicos forenses han venido reiterando que la colisión de un vehículo contra otro parado, incluso cuando éstos no se hayan deformado, ha ocasionado lesiones a las personas que se hallaban en su interior.

2. «Latigazo cervical», «whiplash»: “alcance”

En el estado actual de la ciencia, los estudios empíricos sobre el whiplash, es decir, del «latigazo», muestran como en su producción influyen factores de muy diferente naturaleza de tal forma que el delta-V (esto es, el cambio de velocidad que puede experimentar un vehículo con ocasión del impacto sufrido, aunque en realidad lo que realmente interesa es cómo se proyecta esa delta-V sobre el ocupante, lo que le sucede a la persona que va dentro el vehículo con ocasión de la colisión) no es un predictor concluyente para las lesiones de columna vertebral en los accidentes de tráfico en la vida real. Los científicos críticos en la fijación, probablemente acrítica, de umbrales patogénicos, destacan que las condiciones en que se realizan las pruebas experimentales no son representativas de las que se viven en el mundo real. Y así se realizan sobre pocos sujetos, casi siempre varones, que toman asiento en el vehículo de forma correcta y que adoptan la lógica prevención ante una inminente colisión trasera.

Existe un cierto consenso técnico en que los factores más relevantes de predicción del latigazo cervical (whiplash) son el incremento de velocidad durante el impacto y, sobre todo, la aceleración media. Otros factores concurrentes son el vector de la colisión —punto de colisión, dirección y sentido—, las características del vehículo (flexibilidad, asiento, reposacabezas), el factor sorpresa, el género de la persona lesionada y la predisposición psicológica. Precisamos que los daños a los vehículos son un dato relevante pero no concluyente, porque los vehículos modernos se deforman menos, evitando así el coste de las reparaciones, pero a costa de incrementar el potencial lesivo para los ocupantes por una mayor aceleración.

Otros factores que podrían ser distinguidos son la posición del pasajero o la inclinación de la cabeza, pero los estudios técnicos no han alcanzado cuantificaciones generalmente aceptadas de su valor predictivo. Particularmente, en cuanto las colisiones de baja velocidad, es un hecho que la mayoría de lesiones cervicales se producen a velocidad baja o media, pero se estima que el nexo causal puede ser descartado con un incremento de velocidad inferior a 4 km/h y una aceleración media inferior a 2 g; también en colisiones reales (no sólo en condiciones de laboratorio) e incluso en las colisiones más lesivas potencialmente (alcance trasero, que genera una aceleración lineal). Si asumiéramos acríticamente el informe presentado por la Aseguradora, el nexo habría de ser excluido porque se sitúa por debajo de este umbral. Sentencias Audiencia Provincial Madrid, Sec. 11, 11 abril 2018, 119/2018, rec. 586/2017; 15 diciembre 2017, 451/2017, rec.148/2017.

● No puede afirmarse de forma categórica que en los accidentes de circulación y aún en mayor medida en las denominadas colisiones por alcance, exista una indiscutida relación proporcional entre la entidad del golpe o colisión y la gravedad de las lesiones causadas. Por el contrario, la intensidad de la colisión, por sí misma, no puede erigirse en criterio definitorio de la existencia de lesiones. En este sentido y especialmente en el particular de los accidentes producidos a baja velocidad, se pronuncian diferentes resoluciones como, entre otras muchas, las siguientes: SAP de Murcia de 8 de enero de 2016 «Tampoco puede aceptarse que las pruebas practicadas no hayan sido correctamente valoradas. Hay que partir de que la cervicalgia tiene un soporte probatorio objetivo, no basándose sólo en las manifestaciones del lesionado, pues en el centro hospitalario al que acude poco después del accidente, se le realizan dos radiografías de columna y en ellas se detecta rectificación cervical, lo que no es un dato subjetivo, sino una manifestación clara de las lesiones consecuencia del accidente previamente sufrido.

3. Periciales biomecánicas

La biomecánica [RAE: Estudio de la aplicación de las leyes de la mecánica a la estructura y el movimiento de los seres vivos] es la ciencia que trata de describir los mecanismos lesivos, explicando las lesiones producidas en el organismo humano mediante la integración de diferentes disciplinas que incluyen desde luego a la medicina, pero también a la física y a la ingeniería; es la ciencia que analiza los efectos lesivos causados por un impacto en el cuerpo humano.

A través de esta perspectiva multidisciplinar y con apoyo esencial en la física, por medio del estudio de las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos y la energía cinética producida en ese movimiento, se pretende demostrar mediante la reconstrucción del accidente, cuál ha sido la tasa de transferencia de energía sobre las personas para explicar la producción de un tipo determinado de lesión en función de la energía transferida a ese cuerpo y de la resistencia orgánica por zonas anatómicas o bien, alternativamente, la imposibilidad de que tales lesiones se hayan producido.

Sobre las periciales biomecánicas o de reconstrucción del accidente la doctrina jurisprudencial mayoritaria de las audiencias provinciales sobre los informes periciales biomecánicos o de reconstrucción del accidente, señala, en general, que, por sí solos, en colisiones de baja intensidad o levedad del impacto, no son suficientes para desvirtuar la relación de causalidad. Se basan en cálculos probabilísticos. No valoran determinados parámetros del vehículo, ocupantes y dinámica de la colisión. En los accidentes en la vida real pueden concurrir factores que pueden favorecer la presencia de lesiones como la edad de los ocupantes del vehículo, sexo, su masa corporal, posición del cuello, su estado físico y psicológico, si la colisión es por sorpresa o no.

Es unánime el criterio asentado por las Audiencias Provinciales sobre la eficacia probatoria de los informes Biomecánicos en el sentido de que la entidad de la lesión que puede producir un «latigazo cervical» no sólo se encuentra en función de la intensidad de la colisión, sino también de la situación de la propia víctima, es decir, de su constitución física, altura, peso, edad, colocación o posición en el vehículo o, incluso, de la postura que adoptara en el habitáculo en el momento del impacto; de tal modo que una colisión por alcance de baja intensidad puede determinar un resultado lesivo de mayor alcance, sin que esta circunstancia implique una situación de desproporción entre el siniestro y el resultado. A su vez, la doctrina de las Audiencias Provinciales se ha mostrado cautelosa a la hora de valorar los informes de biomecánica presentados por las partes en colisiones por alcance. Así la SAP de Cádiz (Sec. 2ª) nº 109/2014, de 20 de mayo (Rollo nº 555/2013) señala que «el informe de biomecánica tampoco es prueba que demuestre que con un pequeño golpe no sea posible que se causen lesiones ya que el elemento subjetivo cuenta, no teniendo todo el mundo la misma respuesta ante un mismo impacto, dependiendo también de su salud, posición en el vehículo, etc….». La SAP de León (Sec. 1ª) nº 35/2014, de 14 de marzo (Rollo nº 6/2014) muestra las mismas reticencias: «Cualquier estudio teórico sobre lo que se da en denominar «estudios de biomecánica » pudieran responder a estudios estadísticos, pero la respuesta del cuerpo humano a desplazamientos bruscos no puede ser medida salvo en cada caso concreto; no responde igual una persona prevenida por el impacto, que ya está alerta para afrontarlo, que otra desprevenida, y no es lo mismo la respuesta de una persona en posición centrada y bien asentada que la de otra en posición de escorzo y algo girada, y no es lo mismo la que pueda ofrecer un conductor cuando el freno está activado (el impacto incide en mayor medida sobre el objeto fijo) que cuando no lo está y el vehículo es algo desplazado hacia delante (el impacto se amortigua algo por un ligero desplazamiento hacia delante)». Y la SAP de Pontevedra (Sección 6ª) nº 299/2014, de 22 de mayo (Rollo nº 1012/2012): «la inmediatez entre la colisión por alcance y el reconocimiento médico que determina la existencia de un esguince cervical en ambas ocupantes del vehículo colisionado no puede sino ser interpretado a favor del nexo causal; no se conoce ningún otro tipo de acontecimiento al que pueda ser atribuida la lesión referida. El facultativo que asistió a las lesionadas no ofreció criterio alguno para desvincular las sesiones del impacto que su vehículo había sufrido tres horas antes. De hecho, la rectificación de la curvatura lordótica se asocia a una contractura muscular y ésta, a su vez, es reacción propia en casos de colisión por alcance. Ambas lesionadas acudieron a sesiones de rehabilitación».

g) Gravedad y alteraciones del esguince cervical, Grupo de Quebec

A la hora de analizar la gravedad del esguince cervical y las alteraciones asociadas al mismo, el estudio realizado por el denominado Grupo de Quebec (Scientific Monograf of the Quebec Task Force: Redefining «Whiplash»and its management. Spine. 1995) distinguió cinco grados clínicos, de los que descartó los grados 0 y IV porque en el primero no existen prácticamente alteraciones y en el último existen graves lesiones neurológicas y estructurales:

Grado Sintomatología

0 No existen molestias en el cuello

No existen signos físicos

I Dolor cervical, molestias vagas, rigidez subjetiva

No existen signos físicos

II Molestias cervicales. Signos musculoesquelético: reducción de movilidad, contractura cervical y puntos dolorosos. Ausencia de signos neurológicos

III Molestias cervicales y signos neurológicos: disminución de reflejos, paresias y déficits sensoriales

IV Molestias cervicales y presencia de fracturas y/o luxaciones vertebrales

Esta clasificación ha sido internacionalmente aceptada, al igual que la de Foreman y Croft (2002/2002), y de la misma se hace eco la propuesta de protocolo de actuación y valoración del síndrome de latigazo cervical, también conocido como protocolo de Barcelona (2002), que distingue:

Grado I: Hay síntomas directamente relacionados con el traumatismo, pero no se objetivan datos patológicos con el examen clónico (síndrome supralesional, dolor, no hay rigidez).

Grado II: Grado I y se constata una limitación de la movilidad del raquis cervical, sin evidencia de afectación neurológica.

Grado III: Grado II + con afectación neurológica.

De acuerdo con este último protocolo de actuación, el tiempo medio de curación de un esguince de Grado II oscila entre los 45 y los 60 días, en función de las circunstancias (gravedad de la contractura, arco de limitación, intensidad del dolor…).

G) Informes médicos en el Real Decreto Legislativo 8/2004

a) Clases

Los informes médicos referidos a lo largo del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM] obedecen a diversos tipos: información médica asistencial, artículo 7.1; informes periciales privados del artículo 7.2; informe médico definitivo del artículo 7.3; informes periciales complementarios del artículo 7.5; informe médico concluyente del artículo 135.2.

b) Informe médico concluyente, art. 135.2

Artículo 37. Necesidad de informe médico y deberes recíprocos de colaboración

1. La determinación y medición de las secuelas y de las lesiones temporales ha de realizarse mediante informe médico ajustado a las reglas de este sistema.

Buena prueba de ello es que la consideración de secuela en el artículo 135.2 exige que tras el período de lesión temporal se acredite por “informe médico concluyente”.

Artículo 135. Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral.

2. La secuela que derive de un traumatismo cervical menor se indemniza sólo si un informe médico concluyente acredita su existencia tras el período de lesión temporal.

El informe médico siempre será necesario tanto para determinar una lesión temporal como una secuela, puesto que así lo establece el artículo 37.1 de la Ley 35/2015: «1. La determinación y medición de las secuelas y de las lesiones temporales ha de realizarse mediante informe médico ajustado a las reglas de este sistema«. Pero el artículo 135.2 añade un plus: que el informe sea «concluyente», esto es, que sea resolutorio. Y la valoración de los informes, así como del resto de la prueba que se practique, corresponde al tribunal en cada caso, por lo que será éste quien determine si el informe emitido resulta o no concluyente para concluir en la existencia de una secuela.

En primer lugar, es preciso señalar que, como criterio general, la nueva redacción del baremo de tráfico operada por la Ley 35/2015 fija el principio general de la necesidad de informe médico para acreditar tanto las secuelas como las lesiones temporales, tal como se establece en el artículo 37.1 LRCSCVM y se reitera en otros artículos a lo largo del texto legal como el 113.6; 115.1; 116.2 y 117.2. Por tanto, el artículo 135.2 LRCSCVM viene a reiterar lo que es exigido con carácter general, que toda indemnización se fije en atención al informe médico correspondiente, pero distorsiona tal generalidad al incorporar el adjetivo «concluyente» como calificativo del informe médico que permita la indemnización de secuelas por traumatismos menores de la columna cervical, introduciendo una duda interpretativa sobre su alcance y contenido.

En segundo lugar, también es preciso dejar claro, dado el sistema de la prueba establecido en la Ley de Enjuiciamiento Civil, que este informe médico no puede equipararse siempre a un dictamen pericial. La Ley de Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículo de Motor sólo habla de la necesidad de la aportación de un informe médico y nunca exige la aportación de un dictamen pericial en los términos previstos en el artículo 335.2 Ley de Enjuiciamiento Civil, sin perjuicio de que cuando no conste este juramente o promesa el informe médico se considerará como un documento privado y su ratificación se llevará a cabo en la condición de testigo-perito de su autor, sin que ello suponga merma alguna en la fuerza probatoria de dicho informe médico.

En tercer lugar, es preciso afirmar que la calificación del informe médico como concluyente que se contiene en el artículo 135.2 LRCSCVM, es absolutamente innecesaria y perturbadora para el recto entendimiento del sistema de indemnización de daños personales derivados de un accidente de tráfico. Si acudimos a la definición que de este adjetivo se contiene en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, concluyente tiene dos acepciones: «que concluye» y «resolutorio, irrebatible».

Probablemente sería esta última acepción la que estuviese en la mente del legislador a la hora de redactar el texto legal, sin perjuicio de la concurrencia de otras circunstancias derivadas del origen pactado del baremo entre los sectores implicados en este tipo de siniestros, pero en todo caso es difícil que no pueda predicarse la misma calificación para cualquier otro tipo de informe médico que pretenda acreditar las secuelas, las lesiones temporales o las necesidades futuras derivadas del estado del lesionado.

Por eso es innecesaria dicha precisión en el artículo 135.2 Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], y más cuando en el propio artículo se definen, como ya se ha señalado, los traumatismos menores de la columna vertebral como una lesión temporal de carácter subjetivo (» manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor») y no objetivizable (» no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias»). Sin duda alguna, los mismos calificativos deben de darse tanto a las lesiones temporales como a las secuelas que puedan derivarse de estos traumatismos menores de la columna vertebral.

Pero además de innecesario, dicha precisión legal distorsiona en parte el sistema, pues parece exigir un informe diferente para las secuelas derivadas de traumatismos menores cervicales que para el resto de las secuelas reflejadas en el baremo médico, lo que en modo alguno es aceptable en un sistema que se pretende unitario. La necesidad de probar una secuela siempre precisará un informe médico que contenga conclusiones («que concluya» según el diccionario) o que sea irrebatible o resolutorio. En este tipo de traumatismo el informe médico, como en el resto de las lesiones y secuelas, lo que debe ser es convincente para el juzgador, de manera que éste quede convencido de la realidad de la secuela o lesión temporal que se le reclama en el proceso.

Todos los informes médicos, tanto de la parte actora como de la aseguradora, cumplen con estas exigencias y a la vez se utilizan para rebatir los argumentos de la parte contraria, por lo que sólo serían irrebatibles, en el sentido de concluyentes ya apuntado, aquellos informes médicos que fuesen coincidentes en la existencia de la secuela, aunque puedan divergir en la valoración de la misma dentro de la horquilla de puntuación prevista en la tabla 2.A.1 correspondiente al baremo médico. Sí se acepta, sin mayores precisiones, el concepto de concluyente, simplemente discutiendo la existencia de la secuela, como suele ocurrir en relación a las cervilagías o síndromes postraumáticos cervicales por los informes médicos elaborados por las aseguradoras, habría que excluir la consideración de concluyente de este informe médico en estas concretas secuelas y rechazar su indemnización.

Y tal conclusión sin duda alguna es contraria a toda razón jurídica, pues todo proceso no es más que un enfrentamiento dialéctico entre dos partes que mutuamente tratan de rebatir o desvirtuar las pruebas aportadas por la parte contraria y sobre la base de dichos argumentos y prueba el juez decide bajo el principio básico de la libre valoración de la prueba. Aceptar dicha conclusión, convertiría en prácticamente automática la denegación de este tipo de secuelas y daría una fuerza probatoria a los informes de las aseguradoras que casi podría considerarse como vinculante o imperativa para el tribunal. Sin embargo, dicha conclusión no puede ser admitida por este tribunal, de manera que al juez es al único que la corresponde valorar, a la vista de los informes aportados por ambas partes, pero no sólo de dichos informes sino también de los documentos médicos aportados al proceso y, en especial, la valoración de la ratificación de dichos informes en el acto del juicio oral y las circunstancias en las que estos se han elaborado (existencia o no de reconocimiento, resultados de pruebas complementarias, antecedentes lesionales del perjudicado, carácter degenerativo o traumático del daño, etc.). Ello supone que el informe médico previsto en el artículo 135.2 LRCSCVM, por mucho que se califique como concluyente en el texto legal, no tiene ninguna especialidad probatoria en relación al resto de secuelas, de forma que este tipo de secuelas derivadas de traumatismos menores de la columna cervical siguen el mismo régimen probatorio que el resto de las secuelas y deben de ser incluidos dentro de la valoración conjunta de la prueba necesaria para que el juez pueda resolver el conflicto. Por tanto, estas secuelas previstas en el artículo 135.2 LRCSCVM deben de ser probadas por la parte actora y su valoración se debe de realizar de forma conjunta con el resto de los medios probatorios. Sentencia Audiencia Provincial Murcia, Sec. 1, 15 octubre 2018, 336/2018, 872/2018.

c) Informe médico ajustado a las reglas del sistema

El carácter esencial de los informes médicos proviene de la fuerza vinculante que, para la cuantificación de los daños personales, tiene el baremo, que figura como anexo al Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], proclamado por la Sentencia Tribunal Constitucional 181/2000, de 29 de junio; y, en segundo término, por la propia llamada al dictamen médico que hace dicha normativa, cuando señala, en el criterio 11 del mentado anexo, que: «en la determinación y concreción de las lesiones permanentes y las incapacidades temporales, así como en la sanidad del perjudicado, será preciso informe médico». Es decir, que consciente el Legislador de que la mentada cuestión pertenece al ámbito propio de la medicina impone la necesidad de un dictamen de tal clase para la cuantificación del daño personal sufrido por la víctima. En este sentido, el actual artículo 37.1 de la mentada disposición general, tras reforma por Ley 35/2015.

El artículo 37 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor señala en su apartado 1ª que «La determinación y medición de las secuelas y de las lesiones temporales ha de realizarse mediante informe médico ajustado a las reglas de este sistema» de lo que se deduce que no se está imponiendo que la parte actora presente un informe pericial de las lesiones —aun cuando sea el medio probatorio más conveniente—, sino que el informe médico se adecue a las exigencias del sistema de valoración, determinación del periodo de curación (artículo 136), las secuelas y su puntuación (artículo 97), etc.

Lo que se exige al perjudicado es únicamente la identificación y datos relevantes de quien o quienes reclaman, una declaración sobre las circunstancias del accidente, identificación del vehículo y conductor intervinientes, así como la información médica o pericial o de cualquier otro tipo que permita la adecuada cuantificación de los daños y perjuicios ocasionados (artículo 7.1 de la Ley).

Lo que el artículo 37.1 de la Ley 35/2015 demanda es que exista la necesaria claridad a la hora de formular reclamaciones como consecuencia de las lesiones padecidas. No cabe establecer la duración y características de unas lesiones infiriéndolas de informes que no se pronuncian realmente sobre esta cuestión.

Se hace preciso, por lo tanto, a partir de ahora, que la determinación de los días de curación, y también las secuelas, se fijen en un informe médico, que puede aportar el perjudicado, la compañía de seguros o ambos. Se excluye de esta forma en buena medida el arbitrio judicial para incluir una lesión en una u otra categoría de las del baremo, para fijar los días de curación o los puntos por las secuelas. El informe, en el sentido del artículo 37 del nuevo Baremo, debe fijar el total de los días de curación.

d) Informes médicos y la prueba pericial médica

Aun cuando los informes médicos referidos a lo largo del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM] obedecen a diversos tipos (información médica asistencial, artículo 7.1; informes periciales privados del artículo 7.2; informe médico definitivo del artículo 7.3; informes periciales complementarios del artículo 7.5; informe médico concluyente del artículo 135.2), lo cierto y relevante como punto de partida, es que los mismos, no pueden ser considerados como prueba pericial regulada en los artículos 335 y ss. de Ley de Enjuiciamiento Civil, porque inicialmente no están preordenados al procedimiento judicial, sino para servir de fundamento a la negociación entre el lesionado y el asegurador en el correspondiente proceso previo (artículo 7 del LRCSCVM); si bien procesalmente si pueden servir de fundamento a la convicción judicial sobre la realidad de los hechos que reflejan por vía de integrar una documental privada no impugnada en su autenticidad y estado de cosas que documentan, o por vía del interrogatorio de su autor en calidad de testigo-perito ex artículo 370.4 de Ley de Enjuiciamiento Civil

Precisamente por ello, es decir, por la falta de lineal asimilación entre dichos informes médicos y la prueba pericial médica en el proceso judicial posterior, es por lo que las partes pueden aportar informes periciales conforme a las exigencias previstas en los artículos 335 y ss. de Ley de Enjuiciamiento Civil y, en particular, un informe pericial médico sobre los daños corporales del lesionado, informe que viene expresamente previsto en el artículo 336.5 de Ley de Enjuiciamiento Civil («Asimismo, cuando se trate de reclamaciones por daños personales, podrá instar el actor para que permita su examen por un facultativo, a fin de preparan un informe pericial»).

H) A los demás traumatismos menores columna vertebral, art. 135.3

Artículo 135. Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral.

3. Los criterios previstos en los apartados anteriores se aplicarán a los demás traumatismos menores de la columna vertebral referidos en el baremo médico de secuelas.

● El artículo 135 no dice que las consecuencias de los traumatismos menores de la columna vertebral no sean secuela, sino únicamente que «solo se indemnizarán si un informe médico concluyente acredita su existencia tras un periodo de lesión temporal”.

I) Prueba

a) Subjetiva dolor cervical: no implica prueba diabólica

El hecho de que los síntomas que justifican secuela [cervicales] sean de naturaleza subjetiva no significa sin más que deba descartarse su existencia, sin que sea aceptable imponer a una parte la carga de probar fehacientemente un hecho que no es susceptible de prueba objetiva, como sucedería si se le impusiera la obligación de acreditar indubitadamente la certeza del dolor que dice padecer.

Así, la sentencia Tribunal Supremo 21 junio 2013 declara que «los tribunales no pueden exigir de ninguna de las partes una prueba imposible o diabólica, so pena de causarle indefensión contraria al artículo 24 de la Constitución, por no poder justificar procesalmente sus derechos e intereses pertinentes para su defensa».

Por este motivo, el Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], tras admitir en su artículo 135 la indemnización de «los traumatismos cervicales menores que se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias», exige para ello «que la naturaleza del hecho lesivo pueda producir el daño de acuerdo con los criterios de causalidad genérica siguientes», aludiendo a continuación a cuatro criterios de los cuales puede deducirse la veracidad de la existencia de este tipo de lesiones: de exclusión, cronológico, topográfico y de intensidad.

b) Pero sea como sea debe haber un «proceso curativo»

El artículo 134 LRCSCVM dispone que:

«1. Son lesiones temporales las que sufre el lesionado desde el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela.

Pero sea como sea debe haber un «proceso curativo», en palabras de la Ley. Pues bien, aquí lo que ocurre es que no se sabe qué proceso curativo supuestamente siguió el demandante, y de hecho ni siquiera lo sabe el perito médico que elaboró el informe aportado por aquél. Se aporta con la demanda el informe de asistencia hospitalaria de 14 marzo 2016 (al día siguiente del accidente), y en el mismo consta que el paciente acude por dolor cervical y dorsal, en la exploración física solo se constata «dolor a la palpación de trapecios bilateral, de predominio derecho», se diagnostica un latigazo cervical y como tratamiento se prescribe «reposo relativo, calor local en región cervical» y toma de ibuprofeno y paracetamol. Además de este informe de urgencias, únicamente se aportan los sucesivos partes de baja laboral, y en todos ellos, en el apartado referido al diagnóstico, consta la genérica referencia a «esguince y torcedura de la columna cervical», sin ninguna mención al tratamiento seguido. Sin más documentos que los expuestos, en el citado informe pericial, al describir la evolución clínica y tratamientos realizados, se menciona el citado informe de urgencias y los partes de baja laboral, y se dice, literalmente, que el «lesionado manifiesta que durante el periodo de baja laboral realizó tratamiento en centro «KX» de X durante un periodo de dos semanas (no se acredita documental)». Resulta pues que no solo no se ha probado en el juicio qué proceso curativo o rehabilitación ha seguido el demandante, es que ni siquiera lo acreditó a su propio perito.

Con lo cual, aun existiendo aquellos partes de baja laboral, si no consta el seguimiento de ningún proceso curativo, mal puede determinarse la duración de una lesión temporal como la que pretendidamente sufrió el demandante. No resulta determinante, en orden a rebatir el criterio de intensidad antes aludido, la existencia de dictámenes periciales que suelen concluir la imposibilidad de sufrir lesiones en impactos a baja velocidad y con fuerzas G inferiores a determinado umbral, porque no cabe aplicar estos criterios de modo indiscriminado. Pero aquí se desestima la demanda por la falta de un requisito previo al análisis de los criterios de causalidad. Sentencia Audiencia Provincial Barcelona, Sec. 19, 13 junio 2019, 314/2019, rec. 304/2018.

c) Carga de la prueba

Recae sobre la parte demandante la carga de la prueba de la realidad de las lesiones, sobre todo al tratarse de un traumatismo leve de columna, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 135 de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor. Se establece en él que para su indemnización es preciso que se acredite que se cumplen los criterios de exclusión, cronológico, topográfico y de intensidad.

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