Seguro de vehículos a motor. Indemnizaciones por secuelas y lesiones temporales.

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A) Reparación íntegra y vertebrada

B) Indemnizaciones por secuelas

a) Consideraciones globales

b) Reglas para la valoración

c) Lesiones permanentes concurrentes

1. Puntuación conjunta, fórmula de Balthazar

d) Perjuicio personal por perdida de calidad de vida

e) Perjuicio estético

f) Prescripción de las secuelas

1. Desde el momento de la determinación de su alcance

C) Indemnizaciones por lesiones temporales

a) Período de sanidad y periodo de baja laboral

b) Perjuicio personal básico y perjuicio personal particular

c) Faja lumbar, perjuicio moderado

d) Período de perjuicio personal por lesiones temporales, finalización

e) Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral

f) Gastos de asistencia sanitaria y resarcibles

g) Lucro cesante por lesiones temporales

A) Reparación íntegra y vertebrada

El artículo 33 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor [LRCSCVM], modificado por la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, establece como principios fundamentales del sistema de valoración: La reparación íntegra del daño y su reparación vertebrada, que tiene por finalidad asegurar la total indemnidad de los daños y perjuicios padecidos, compensando, mediante cuantías socialmente suficientes y razonables que respeten la dignidad de las víctimas, todo perjuicio relevante de acuerdo con su intensidad, rigiendo no sólo sobre las consecuencias patrimoniales del daño corporal sino también sobre las morales o extrapatrimoniales. El principio de la reparación vertebrada supone que se han de valorar por separado los daños patrimoniales y los no patrimoniales y, dentro de unos y otros, los diversos conceptos perjudiciales.

B) Indemnizaciones por secuelas

a) Consideraciones globales

Una secuela se ha de acreditar objetivamente por una lesión orgánica que la explique, no bastando las meras referencias subjetivas a dolores, y menos en este caso en que se demostró que el actor continuaba practicando un deporte de contacto tan lesivo como el boxeo, de manera que, como expuso la apelada al contestar la demanda, su práctica profesional y continuada antes, durante y después del siniestro y del tratamiento médico hecho valer en demanda supuso una clara ruptura del nexo causal que pretendiere establecer con un siniestro viario de la levedad del reseñado.

Dentro de las normas de cuantificación de los daños personales a las que remite el artículo 1.4 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, se encuentra su artículo 34.1. Conforme al mismo, dan lugar a indemnización, entre otras cosas, las denominadas secuelas. Respecto de ellas tiene que tomarse como punto de partida lo siguiente:

a) En virtud del artículo 93.1 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, «Son secuelas las deficiencias físicas, intelectuales, orgánicas y sensoriales y los perjuicios estéticos que derivan de una lesión y permanecen una vez finalizado el proceso de curación…».

b) Como establecen el artículo 93.2 y 3 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, la cantidad a abonar por secuelas viene determinada, en un primer elemento, por el «…perjuicio personal básico…» ocasionado, según la tabla 2.A del anexo de dicho cuerpo legal.

c) Dentro del «…perjuicio personal básico…», según el artículo 95.2 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, » La determinación de las secuelas y de su gravedad e intensidad se realiza de acuerdo con el baremo médico contenido en la tabla 2.A.1″.

d) Según el artículo 96.1 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, » El baremo médico contiene la relación de las secuelas que integran el perjuicio psicofísico, orgánico y sensorial permanente, con su clasificación, descripción y medición, y también incluye un capítulo especial dedicado al perjuicio estético».

e) Finalmente, conforme con el artículo 97.3 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, «Una secuela debe valorarse una sola vez, aunque su sintomatología se encuentre descrita en varios apartados del baremo médico, sin perjuicio de lo establecido respecto del perjuicio estético. No se valoran las secuelas que estén incluidas o se deriven de otras, aunque estén descritas de forma independiente».

b) Reglas para la valoración

Las secuelas han de valorarse conforme a las reglas recogidas en el artículo 97 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor. Estas reglas son las siguientes:

1.— La puntuación otorgada al perjuicio psicofísico, orgánico y sensorial de cada secuela, según criterio clínico, tiene en cuenta su intensidad y gravedad desde el punto de vista anatómico-funcional, sin tomar en consideración la edad o el sexo del lesionado, ni la repercusión de la secuela en sus diversas actividades.

2.— Se adjudica a cada secuela una puntuación fija o la que corresponda dentro de una horquilla con una puntuación mínima y máxima.

3.— Una secuela debe valorarse una sola vez, aunque su sintomatología se encuentre descrita en varios apartados del baremo médico, sin perjuicio de lo establecido respecto del perjuicio estético. No se valoran las secuelas que estén incluidas o se deriven de otras, aunque estén descritas de forma independiente.

4.— La puntuación de una o varias secuelas de una articulación, miembro, aparato o sistema no puede sobrepasar la correspondiente a la pérdida total, anatómica o funcional, de esa articulación, miembro, aparato o sistema.

5.— Las secuelas no incluidas en ninguno de los conceptos del baremo médico se miden con criterios analógicos a los previstos en él.

c) Lesiones permanentes concurrentes

1. Puntuación conjunta, fórmula de Balthazar

En los supuestos de lesiones permanentes concurrentes debe aplicarse la conocida como fórmula de Balthazar, pues el sistema del Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor contiene una referencia al modo de proceder para calcular la puntuación conjunta que ha de corresponder al perjudicado que sufra diferentes lesiones permanentes; todas ellas concurrentes por derivar del mismo accidente de tráfico. Con ese fin se fija una fórmula y unas reglas que han de ser observadas para la correcta aplicación del sistema. Dicha fórmula: [[(100-M) x m] /100] +M], donde «M» equivale a la secuela con puntuación de mayor valor y «m» a la secuela con puntuación de menor valor; de modo que el valor resultante de la primera operación debe integrar el valor «M» en la segunda y así sucesivamente, sin que la puntuación total pueda exceder de 100 puntos. Sistema que es válido y obligatorio [SSTS 10 de marzo de 2016 (Roj: STS 974/2016, recurso 882/2014), 29 de noviembre de 2013 (Roj: STS 5814/2013, recurso 2325/2011), 15 de julio de 2013 (Roj: STS 3870/2013, recurso 761/2011), 12 de julio de 2013 (Roj: STS 3867/2013, recurso 364/2011), 30 de abril de 2012 (Roj: STS 2955/2012, recurso 652/2008), 26 de octubre de 2011 (resolución 786/2011, en el recurso 1345/2008) y 25 de mayo de 2010 (Roj: STS 2889/2010)].

De ser las secuelas más de dos, para el uso de la expresada fórmula se parte de la secuela de mayor puntuación y las operaciones se realizan en orden inverso a su importancia. Los cálculos sucesivos se realizan con la indicada fórmula, correspondiendo el término «M» a la puntuación resultante de la operación inmediatamente anterior.

Si, al efectuarse los cálculos, se obtienen fracciones decimales, el resultado de cada operación se redondea a la unidad más alta.

d) Perjuicio personal por perdida de calidad de vida

Tal como establece el artículo 107 del LRCSCVM la indemnización por pérdida de calidad de vida derivada de secuelas tiene por objeto compensar el perjuicio moral particular que sufre la víctima por tales secuelas que impiden o limitan su autonomía personal para realizar las actividades esenciales en el desarrollo de la vida ordinaria o su desarrollo personal mediante actividades específicas. El artículo 108 establece los grados de perjuicio moral por pérdida de calidad de vida, regulando en su apartado segundo el perjuicio en grado muy grave predicable de los grandes lesionados y los apartados tercero, cuarto y quinto, respectivamente, los grados grave, moderado y leve. Según el artículo 108.5 el perjuicio leve es aquél en el que el lesionado con secuelas de más de seis puntos pierde la posibilidad de llevar a cabo actividades específicas que tengan especial trascendencia en su desarrollo personal. El perjuicio moral por la limitación o pérdida parcial de la actividad laboral o profesional que se venía ejerciendo se considera perjuicio leve con independencia del número de puntos que se otorguen a las secuelas. Por tanto el perjuicio moral por pérdida de calidad de vida exige que el lesionado tenga más de seis puntos de secuelas y que además pierda la posibilidad de llevar a cabo actividades específicas que tengan especial transcendencia en su desarrollo personal, pero al mismo tiempo el precepto contempla la posibilidad de valorar dicho perjuicio moral con independencia de los puntos por secuelas por pérdida de calidad de vida en grado leve por la limitación o pérdida parcial de la actividad laboral o profesional que se venía ejerciendo.

a) Tal como se configura en los artículos 107 a 109 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, el concepto de pérdida de calidad de vida derivada de secuelas no procede aplicarlo ante la mera apreciación de tales secuelas ni, necesariamente está vinculado en todas sus modalidades con la gravedad de las mismas, sino a la real y efectiva limitación de lo que se consideran actividades esenciales de la vida ordinaria («…comer, beber, asearse, vestirse, sentarse, levantarse y acostarse, controlar los esfínteres, desplazarse, realizar tareas domésticas, manejar dispositivos, tomar decisiones y realizar otras actividades análogas relativas a la autosuficiencia física, intelectual, sensorial u orgánica», según su artículo 51) y las actividades específicas de desarrollo personal («…actividades, tales como las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de la persona como individuo y como miembro de la sociedad», como establece su artículo 54).

b) En el caso de perjuicio leve, más en concreto, se requiere para su apreciación, conforme con el artículo 108.5 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, la limitación o pérdida parcial de la actividad profesional o laboral que se venía ejerciendo o, sufriendo secuelas de más de 6 puntos, la pérdida de la posibilidad de llevar a cabo, no sólo otras actividades específicas de desarrollo personal, sino que además, tienen que ser «…esenciales…» en él.

En relación con la cuantificación de la indemnización por el concepto de perjuicio personal por perdida de calidad de vida, ha de tenerse presente que, como se desprende del artículo 107 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, este concepto indemnizatorio tiene por objeto «compensar el perjuicio moral particular que sufre la víctima por las secuelas que impiden o limitan su autonomía personal para realizar las actividades esenciales en el desarrollo de la vida ordinaria o su desarrollo personal mediante actividades específicas».

Desde esta perspectiva, el artículo 108 del repetido texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, conceptúa el perjuicio moderado como «aquél en el que el lesionado pierde la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal», y el perjuicio leve como «aquél en el que el lesionado con secuelas de más de seis puntos pierde la posibilidad de llevar a cabo actividades específicas que tengan especial trascendencia en su desarrollo personal».

e) Perjuicio estético

Perjuicio estético es toda modificación peyorativa en el aspecto físico, y, por tanto, de la imagen que proyecta hacia a los demás, que constituye un quebranto susceptible de reparación económica mediante su valoración como tal perjuicio [SSTS 18 de febrero de 2015 (recurso 194/2013) y 25 de septiembre de 2013 (recurso 1571/2010)]. Como se viene recogiendo en los diversos tratados desde la publicación en el año 1995 del sistema de valoración del daño corporal, el denominado perjuicio estético tiene un claro componente subjetivo del informante. En pruebas aleatorias se observa que influyen concepciones subjetivas del examinador. Es más, el sistema establece que no se tenga en consideración la edad o el sexo y sin embargo sí se objetivó una tendencia a incrementar la puntuación para la misma secuela si era en mujeres que en hombre, en jóvenes que, en personas de mayor edad, e incluso si se consideraba «guapa» o «atractiva» en los cánones del examinador. Así, para la secuela de cicatrices en la espalda (salir proyectado por parabrisas por no llevar cinturón) se valoraban muy altas en una mujer joven, y casi nada en un varón de mediana edad. Incluso en la primera se consideraba mucho más importante porque las mujeres usan vestidos que dejan la espalda al aire, y no los varones. Es conclusión casi unánime que se trata de una valoración que varía muchísimo por apreciaciones subjetivas, no respondiendo a un criterio científico y objetivable. Actualmente el legislador ha tratado de precisar y limitar en el actual tenor del Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor ese componente subjetivo, reiterando la improcedencia de tener en consideración el sexo y la edad (artículo 103.3), recordando que la edad ya se corrige en las tablas, y estableciendo otros criterios en el artículo 102.1 como son: a) el grado de visibilidad ordinaria del perjuicio, b) la atracción a la mirada de los demás, c) la reacción emotiva que provoque y d) la posibilidad de que ocasione una alteración en la relación interpersonal del perjudicado; lo que también incluyen un evidente componente subjetivo de valoración.

El artículo 101 del texto refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor define el perjuicio estético como cualquier modificación que empeora la imagen de la persona y que existe a la finalización del proceso de curación del lesionado, siendo su grado de visibilidad uno de los factores que establece a su vez el artículo 102 para su medición, al tiempo que considera como de grado moderado el perjuicio que producen las cicatrices visibles en la zona facial y ligero el producido por pequeñas cicatrices situadas fuera de esa zona.

El artículo 102 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, establece, que el perjuicio estético consiste en cualquier modificación que empeora la imagen de la persona. Es un perjuicio distinto del psicofísico que le sirve de sustrato y comprende tanto la dimensión estática como la dinámica, y que debe valorarse atendiendo a los criterios y grados que dicho precepto establece.

Con tales premisas, producida una herida que requiere la aplicación de 5 puntos y curas posteriores y que deja una cicatriz en región supraciliar derecha, como alteración permanente de la apariencia dérmica consecutiva al daño y su reparación, y que es además visible, incidiendo su mayor o menor grado de visibilidad en la puntuación que deba asignársele, el perjuicio estético que ello supone debe calificarse necesariamente de moderado por estar afectada la región facial, sin que se requiera que sea especialmente visible, pues en ese caso se trataría de un perjuicio medio y no moderado, y sin que deba tenerse en cuenta el sexo o la edad del lesionado (artículo 103.3).

f) Prescripción de las secuelas

1. Desde el momento de la determinación de su alcance

Doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo, de la que es exponente la STS 272/2010 de 5 de mayo:

«Según reiterada jurisprudencia, de la que es reciente ejemplo la STS de 27 mayo 2009, RC. n.º 2933/2003, la n n.º 328/2005). Este criterio es aplicable, tratándose de enfermedades crónicas, cuando el daño, aun siendo continuado en sus efectos, permite concretar definitivamente el alcance de las secuelas (Sentencia Tribunal Supremo de 15 octubre 2008, rec. n.º 2721/2003).

La dificultad de determinar en daños de carácter continuado cuándo se ha producido el definitivo resultado debe resolverse mediante la valoración de la prueba y admitiendo la posibilidad de fraccionar en etapas diferentes o hechos diferenciados los daños sufridos (Sentencias Tribunal Supremo de 15 junio 1990 y 13 marzo 2007, rec. n.º 1044/2000).

Esta doctrina obedece, en atención al principio de indemnidad, a la necesidad de preservar el derecho del perjudicado a ser íntegramente resarcido en situaciones en que no ha podido hasta entonces conocer en su totalidad el alcance de su daño, por causas en modo alguno imputables a su persona o comportamiento (Sentencias Tribunal Supremo 2 enero 1991, 6 octubre 1992, 30 noviembre 1999, 3 marzo 1998 y 12 junio 2009, rec. n.º 2287/2004).

Respetando este criterio jurídico, la determinación del momento en el cual queda determinada la incapacidad o los defectos permanentes originados por la secuela por conocerse su alcance debe determinarlo el tribunal de instancia en el ejercicio de su función exclusiva de apreciación de la prueba[…]”.

Y que reitera la más reciente STS 480/2013 de 19 de julio, en un asunto muy similar al que nos ocupa, en su fundamento tercero in fine:

«En estos casos, como el que aquí se plantea, es reiterada la doctrina jurisprudencial de que no puede entenderse como fecha inicial del cómputo la del alta en la enfermedad, sino la de la determinación del efecto de invalidez de las secuelas, es decir, el momento en que queda determinada la incapacidad o los defectos permanentes originados, pues hasta que no se conoce su alcance no puede reclamarse con base en ellas, ya que es en ese momento cuando el perjudicado tiene un conocimiento preciso de la entidad de los perjuicios (Sentencias Tribunal Supremo de 20 mayo 2009, 14 julio 2008, 3 octubre 2006, 20 septiembre 2006, 22 julio 2003, 13 de febrero de 2003, 22 enero 2003 y 13 julio 2003).

Esta doctrina obedece, en atención al principio de indemnidad, a la necesidad de preservar el derecho del perjudicado a ser íntegramente resarcido en situaciones en que no ha podido hasta entonces conocer en su totalidad el alcance de su daño, por causas en modo alguno imputables a su persona o comportamiento (Sentencias Tribunal Supremo 2 enero 1991, 6 octubre 1992, 30 noviembre 1999, 3 marzo 1998 y 12 junio 2009, rec. núm. 2287/2004) […]». Auto Tribunal Supremo, Sec. 1, 10 julio 2019, rec. 129/2017.

● La prescripción de la acción para reclamar por secuelas solo se inicia con la determinación de su alcance o de los defectos permanentes originados, pues hasta que no se determina ese alcance no puede reclamarse por ellas (Sentencias Tribunal Supremo de 20 mayo 2009, 14 julio 2008 y 13 julio 2003).

Por regla general, el conocimiento del daño sufrido que ha de determinar el comienzo del plazo de prescripción lo tiene el perjudicado al producirse el alta definitiva, en la medida que en esta fecha se declaran estabilizadas las lesiones y se concretan las secuelas o, lo que es igual, se determina en toda su dimensión el daño personal y los conceptos objeto de indemnización. Así resulta de las Sentencias Tribunal Supremo, de Pleno, de 17 abril 2007, rec. 2908/2001 y de 17 abril 2007, rec. 2598/2002, así como de las dictadas con posterioridad (Sentencias Tribunal Supremo de 19 mayo 2011, rec. 1783/2007; 28 junio 2011, rec. 1968/2007;20 julio 2011, rec. 820/2008; 19 sept. 2011, rec. 1232/2008; 27 sept. 2011, rec. 562/2008 y 26 octubre 2011, rec. 1345/2008, entre las más recientes), las cuales, al referirse a la distinción entre sistema legal aplicable para la determinación del daño y cuantificación económica del mismo refrendan el criterio de que el daño queda concretado, como regla general, con el alta médica definitiva, y que esto obliga a valorarlo con arreglo a las cuantías actualizadas vigentes para todo el año en que ésta se produjo.

Ahora bien, compatible con dicha doctrina es también la que ha venido y viene considerando en la actualidad (Sentencias Tribunal Supremo de 11 febrero 2011, rec. n.º 1418/2007; 20 septiembre 2011, rec. n.º 792/2008; 22 febrero 2012, RCIP n.º 522/2009; 25 mayo 2010, rec. n.º 2036/2005; 26 mayo 2010, rec. n.º 764/2006, entre las más recientes) que si de las lesiones causadas por el hecho generador de la responsabilidad civil extracontractual que se reclama se derivan secuelas determinantes de incapacidad permanente, cuya fijación no se concreta en el momento del alta definitiva, sino que se precisa una resolución posterior, el plazo anual de prescripción de dicha acción aquiliana no ha de comenzar a computarse hasta que no recae resolución firme (ya sea en vía administrativa, si no se impugna, o en vía judicial, si fue necesario agotar esta para dilucidar definitivamente la contienda al respecto) concretando tal situación de invalidez, en el grado que corresponda, por ser entonces, y no en la fecha del alta, cuando el perjudicado tiene perfecto conocimiento del daño sufrido.

En aplicación de este último criterio jurisprudencial, esta Sala ha declarado que si se ha seguido expediente para dirimir definitivamente cuáles han sido las consecuencias de repercusión de las lesiones en la capacidad laboral del trabajador o si el demandante no se hubiera conformado en su día con la resolución administrativa correspondiente sobre el grado de su incapacidad, el día inicial del plazo de prescripción es aquel en que se resuelva definitivamente la reclamación del perjudicado contra la decisión administrativa sobre el grado de su incapacidad, pues sólo entonces podrá detallar en su demanda civil el definitivo daño sufrido (Sentencias Tribunal Supremo de 22 noviembre 1999, 21 diciembre 1999, 22 enero 2003, 13 febrero 2003, 1 febrero 2006, 20 septiembre 2006; 7 febrero 2007, rec. n.º 1435/2000; 7 octubre 2009, rec. n.º 1207/2005; 24 mayo 2010, rec. n.º 644/2006 y 25 mayo 2010, rec. n.º 2036/2005).

Esta doctrina es coherente con la que impone interpretar restrictivamente la prescripción, al no estar basada en principios de estricta justicia, sino de seguridad jurídica y de presunción de abandono del ejercicio del derecho (Sentencias Tribunal Supremo de 14 marzo 2007, rec. n.º 262/2000; 6 mayo 2009, rec. n.º 292/2005; y 24 mayo 2010, rec. n.º 644/2006), y obedece, en atención al principio de indemnidad, a la necesidad de preservar el derecho del perjudicado a ser íntegramente resarcido en situaciones en que no ha podido hasta entonces conocer en su totalidad el alcance de su daño, por causas no imputables a su persona o comportamiento.

De conformidad con esta doctrina la Sentencia Tribunal Supremo de 7 octubre 2009, rec. n.º 1207/2005, fijó el día inicial del cómputo en la fecha de notificación al demandante de la sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia que desestimó su recurso de suplicación; la de 24 mayo 2010, rec. n.º 644/2006, en la fecha del auto de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo que declaró la firmeza de la sentencia de suplicación; y la de 25 mayo 2010, rec. n.º 2036/2005 en la fecha de la sentencia firme que puso fin al procedimiento laboral. Sentencia Tribunal Supremo, Sec. 1, 9 enero 2013, 819/2012, rec. 1574/2009.

C) Indemnizaciones por lesiones temporales

a) Período de sanidad y periodo de baja laboral

El artículo 134.1 Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, reformado por la Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación, recogiendo lo que era doctrina anterior consolidada de los tribunales, dispone respecto al período de sanidad que tal periodo se extiende al transcurrido desde «el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela», esto es desde la producción de las lesiones hasta el día de su completa curación, o si ésta no es posible, hasta aquel en que la ciencia médica agota sus posibilidades terapéuticas valorándose como secuelas el estado patológico o quebranto de salud residual consolidado, tras la finalización del tratamiento. Del mismo resulta, que el periodo de sanidad subsiste mientras existan expectativas de mejora, aun cuando el tratamiento aplicado luego no surta el efecto esperado y esas expectativas no lleguen a consumarse. Por otra parte, respecto a la posibilidad de acortar el periodo indemnizable por el hecho de haber retrasado o seguido en forma discontinua el tratamiento rehabilitador, debe rechazarse salvo en aquellos casos en que tales circunstancias sean imputables al demandante, es decir, si se acredita de alguna forma que la mayor duración del tratamiento ha sido debida a una conducta voluntaria y no justificada del actor.

(a) Se puede estar en período de sanidad y además de baja laboral. Si durante el período de sanidad (lesionado antes de alcanzar la estabilización) sufro además un «impedimento psicofísico para llevar a cabo la actividad laboral o profesional», es obligado incardinar el perjuicio personal en uno de los grados contemplados en el 138 del Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor. Pero estar de baja laboral no implica estar en período de sanidad.

(b) Puedo estar en período de sanidad, y no estar de baja laboral (perjuicio personal básico).

(c) Y puedo estar de baja laboral y no estar ya en período de sanidad.

Es más, no es anómalo que el alta laboral no llegue a obtenerse nunca, dependiendo de las secuelas. Esta doctrina, recogida del campo de la medicina legal, es asumida por la Excma. Sala Primera del Tribunal Supremo en su sentencia de 19 de septiembre de 2011 (Roj: STS 5838/2011, recurso 1232/2008), cuando establece que la incapacidad temporal «comprende únicamente el periodo que se extiende hasta la curación o estabilización de las lesiones derivadas del siniestro, durante el cual la víctima recibió tratamiento médico. En consecuencia, una vez que las lesiones se estabilizan en el sentido de que no son susceptibles de curarse ni de mejorar con el tratamiento médico recibido, dicho daño corporal ha de valorarse como secuelas determinantes de una incapacidad, no ya temporal sino permanente»; añadiendo que no es vinculante el período de baja laboral «en la medida que esta puede estar relacionada con las propias lesiones permanentes, finalmente determinantes de que se reconozca a la víctima una invalidez en el orden social, siendo irrelevante a tales efectos que fueran estas secuelas las que mantuvieran a la víctima en situación de baja laboral».

El actual artículo 138 del Texto Refundido de la Ley de Responsabilidad Civil y Seguro en circulación de vehículos a motor tras la reforma operada por la Ley 35/2015, no obliga necesariamente a calificar como días de perjuicio personal muy grave, grave o moderado todos los que el lesionado haya permanecido de baja laboral. Nada de ello dice la Ley, que en ningún momento utiliza la expresión «baja laboral». Lo que dice el apartado 5 de dicho precepto legal es que «El impedimento psicofísico para llevar a cabo la actividad laboral o profesional se reconduce a uno de los tres grados precedentes». Pero ese impedimento psicofísico para llevar a cabo la actividad laboral no siempre coincide de modo exacto —de hecho, frecuentemente no es así— con los días en que el perjudicado haya permanecido desde el punto de vista administrativo de baja laboral. La jurisprudencia se ha referido a ello en numerosas ocasiones. La duración de la baja laboral y el tiempo de curación con impedimento para las ocupaciones habituales no tienen por qué coincidir. Así lo ha establecido la jurisprudencia de forma reiterada. Son innumerables las resoluciones de la denominada jurisprudencia menor que mantienen que el significado del concepto «día impeditivo» no ha de estar necesariamente vinculado al concepto laboral de baja, de manera que habrá impedimento siempre que el lesionado no pueda desplegar con normalidad cualquiera de sus actividades ordinarias, sin necesidad de que se encuentra siquiera en edad laboral. En ocasiones los dos períodos, baja laboral y días impeditivos, podrán coincidir, pero en otros los días de impedimento superarán a los de baja laboral o viceversa, debiendo atenderse a las circunstancias de cada caso concreto» y que «el tratamiento rehabilitador posterior a la fijación de las secuelas y la baja laboral no forman parte del período de curación al que se refiere la normativa civil». Es doctrina jurisprudencial consolidada la que señala que para la fijación del período de curación o «incapacidad temporal» de lesionado, término que utiliza la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos de Motor, debe determinarse el momento en que se produce la estabilización de la lesión sufrida, entendiendo como tal aquél en que la lesión ya no puede mejorar más a pesar de los tratamientos médicos aplicados a la misma. Es en ese momento cuando debe considerarse que finaliza el período de curación, con independencia de que pueda seguirse tratamiento paliativo de dolores y/o molestias residuales, y con independencia también de las altas y bajas que puedan concederse desde el punto de vista laboral. Llegada la estabilización lesional, cualquier estado patológico que subsista en el lesionado — aunque siga recibiendo tratamientos paliativos, de rehabilitación, de toma de analgésicos o similares — debe considerarse como secuela y no como periodo de curación». Los días de baja laboral no suelen coincidir con los de estabilización lesional que informa la medicina forense y que deben ser objeto de indemnización habida cuenta los distintos parámetros que se toman para su determinación en unos y otros. Y es que efectivamente ése es el parámetro a que se refiere la Ley para indemnizar las lesiones temporales, pues el artículo 134.1 LRCSCVM señala que «Son lesiones temporales las que sufre el lesionado desde el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela». Estabilización de lesión y conversión en secuela que puede producirse mucho antes del alta laboral. Y en similares términos se pronuncia el artículo 136.1 al definir el perjuicio personal básico.

Reiterando el concepto y la doctrina jurisprudencial al efecto, el periodo de sanidad o de incapacidad temporal viene determinado por los días que tarda una persona en curar de sus lesiones, periodo que no tiene necesariamente por qué coincidir con el tiempo de «baja laboral» que reconoce el médico de cabecera al lesionado, pues aquel periodo concluye cuando ya no puede producirse una mejoría respecto al estado actual, por lo que tal lesión deviene permanente (sea o no incapacitante), es decir, cuando se constata que los tratamientos instaurados ya no tienen eficacia terapéutica y lo único que hacen es paliar en lo posible los efectos de la secuela ya establecida. Es la llamada ‘estabilización lesional’ a la que expresamente hace referencia el punto 6 del ‘capítulo especial’ del baremo dedicado al perjuicio estético y a la que también alude la doctrina jurisprudencial (las SSTS de 18 de junio de 2012 y la de 19 de septiembre de 2011 señalan que la incapacidad temporal comprende únicamente » el periodo que se extiende hasta la curación o estabilización de las lesiones derivadas del siniestro, durante el cual la víctima recibió tratamiento médico. En consecuencia, una vez que las lesiones se estabilizan en el sentido de que no son susceptibles de curarse ni de mejorar con el tratamiento médico recibido, dicho daño corporal ha de valorarse como secuelas determinantes de una incapacidad, no ya temporal sino permanente»).

Enlazando con ese criterio jurisprudencial para valorar el daño corporal, aquel periodo de sanidad o estabilización de las lesiones debe hacerse desde un punto de vista médico legal, y, en este sentido, se ha venido entendiendo que el periodo de estabilidad médico legal es aquel tras el cual ya no se produce variación en las lesiones padecidas, y pese a que estas se sigan tratando, dicho tratamiento ya no incide en la evolución favorable o la curación de las lesiones, sino que se trate, meramente, de una tratamiento paliativo o bien tratamiento de las secuelas ya consolidadas. Por ello, es bastante habitual que el periodo de estabilización de las lesiones, es decir, el tiempo de sanidad indemnizable, no coincida con el periodo asistencial, ni tampoco con el de baja laboral. En medicina forense se considera lograda la estabilización lesional en el momento a partir de la cual toda anormalidad morfológica o lesional entra a formar parte de la secuela, y, por tanto, la posterior realización de sesiones ambulatorias o domiciliarias no han de considerarse terapéuticas, sino de mantenimiento y conservación. Y este criterio médico legal ha venido en consolidarse con la vigencia del artículo 134 del nuevo baremo de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor aprobado por Real Decreto Legislativo 8/2004, modificación publicada en 23 de septiembre de 2015.

b) Perjuicio personal básico y perjuicio personal particular

El concepto de perjuicio personal básico está recogido en el artículo 136 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre [LRCSCVM]. Por contraposición al perjuicio personal particular, por pérdida temporal de calidad de vida, de los artículos 136 y ss. del mismo texto. El dato esencial diferenciador consiste en que el perjuicio personal básico, deriva del mero transcurso del tiempo, que discurre hasta el final del proceso curativo o la estabilidad lesional (artículo 136), en tanto que el perjuicio personal particular entraña, además, algún grado de impedimento o limitación que la misma lesión, o su tratamiento, produce en la autonomía o desarrollo personal del lesionado (artículo 137), entendida la autonomía y el desarrollo personal en los términos definidos en los artículos 50, 53 y 54 del mismo texto legal.

La Ley 35/2015, de 22 de septiembre, cambia los conceptos de indemnización existentes hasta ese momento y ya no se habla de días impeditivos y no impeditivos, sino que el artículo 134 de la meritada Ley considerar lesiones indemnizables aquellas «que sufre el lesionado desde el momento del accidente hasta el final de su proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela».

En la reparación del perjuicio personal, la nueva regulación distingue y cuantifica en su Tabla 3 de los anexos, dos categorías: perjuicio personal básico y perjuicio personal particular, dividiendo, a su vez, éste último en otras tres clases: moderado, grave y muy grave.

Se viene entendiendo como el perjuicio personal básico, el asimilado a la baja médica (no la baja laboral, pues se puede estar recibiendo un tratamiento médico o sesiones de rehabilitación debido a una lesión pero que ésta no impida realizar el trabajo habitual) y hasta la curación de las lesiones o su estabilización como secuelas, que también incluye los perjuicios morales. El perjuicio personal básico por lesión temporal aparece definido en el artículo 136.1 como «el perjuicio común que se padece desde la fecha del accidente hasta el final del proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela. 2. Su valoración económica se determina mediante la cantidad diaria establecida en la tabla 3.A». Conforme al artículo 136.1 de la ley 35/2015 el perjuicio personal básico por lesión temporal es el perjuicio común que se padece desde la fecha del accidente hasta el final del proceso curativo o hasta la estabilización de la lesión y su conversión en secuela. Por su parte, el artículo 137 concreta el perjuicio personal por pérdida temporal de calidad de vida, calificándolo de muy grave, grave y moderado, y por lo que al perjuicio moderado se refiere lo define como aquél en el que el lesionado pierde temporalmente las posibilidades de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal (artículo 138.4). Actividades que se detallan en el artículo 54 como «…las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de una persona como individuo y como miembro de la sociedad».

El perjuicio personal particular por pérdida de calidad de vida se define en el artículo 137 del siguiente modo: «La indemnización por pérdida temporal de calidad de vida compensa el perjuicio moral particular que sufre la víctima por el impedimento o la limitación que las lesiones sufridas o su tratamiento producen en su autonomía o desarrollo personal». El perjuicio personal particular, sería aquel en el que se considera que ha existido una pérdida temporal de calidad de vida, que incluye la indemnización por perjuicio básico, se regula en los artículos 51 a 54 a los que hay que atenerse como marco general. El artículo 53 define lo que se entiende por «Pérdida de desarrollo personal» a que se refiere el artículo 138.4, del siguiente modo: «A efectos de esta Ley se entiende que la pérdida de desarrollo personal consiste en el menoscabo físico, intelectual, sensorial u orgánico que impide o limita la realización de actividades específicas de desarrollo personal». Y se concretan aún más las «Actividades específicas de desarrollo personal», en el artículo 54 » A efectos de esta Ley se entiende por actividades de desarrollo personal aquellas actividades, tales como las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de la persona como individuo y como miembro de la sociedad». Es decir, es necesario que se produzca una pérdida temporal de la posibilidad de realizar actividades específicas de desarrollo personal, y que esa pérdida sea de una parte relevante de dichas actividades.

El perjuicio personal particular por pérdida de calidad de vida, según el artículo 138, se divide en tres categorías:

1º.-Muy grave cuando el lesionado pierde temporalmente su autonomía personal para realizar la casi totalidad de actividades esenciales de la vida ordinaria. Se considera de este tipo el ingreso en una unidad de cuidados intensivos. Se indemniza con 100 euros diarios.

2º.-Grave: el lesionado pierde temporalmente su autonomía personal para realizar una parte relevante de las actividades esenciales o la mayor parte de las actividades específicas de desarrollo personal. La expresión estancia hospitalaria, con presunción legislativa de gravedad debe aproximarse a la de prestaciones sanitarias en el ámbito hospitalario y ambulatorio y rehabilitación en los ámbitos domiciliario y ambulatorio de los artículos 113 y 116. Por ello puede incluirse en este grado la conocida como hospitalización domiciliaria en la que el lesionado está inmovilizado e incluso la estancia en el domicilio con tratamiento ambulatorio si supone una pérdida de autonomía o desarrollo personal en los términos expresados. Se indemniza con 75 euros diarios.

3º.— Moderado sería aquel en que el lesionado pierde temporalmente la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal. El moderado se describe de la siguiente manera en el apartado 4 de este precepto: «El perjuicio moderado es aquél en el que el lesionado pierde temporalmente la posibilidad de llevar a cabo una parte relevante de sus actividades específicas de desarrollo personal». La valoración económica del perjuicio personal por pérdida temporal de calidad de vida se determina mediante la cantidad diaria establecida en la tabla 3.B para cada uno de sus grados (artículo 139.1). La superación del estado del perjuicio personal básico —coincidente con los anteriormente denominados días no impeditivos— exige un plus en el sufrimiento, de ahí la razón de que la cuantía de la indemnización sea superior, lo que se caracteriza como la dificultad en el ejercicio de tareas habituales de la vida diaria, no necesariamente las más elementales, sino las comunes o regulares, que por su frecuencia y extensión ocupan una buena parte de los esfuerzos y actividad física y mental diaria de la persona en cuestión. Para que exista un perjuicio moderado no es necesario que se vean afectadas las actividades esenciales de la vida, sino una parte «relevante de las actividades específicas del desarrollo personal». Así, el actual artículo 54 ofrece la definición de este concepto, que se identifica con «aquellas actividades, tales como las relativas al disfrute o placer, a la vida de relación, a la actividad sexual, al ocio y la práctica de deportes, al desarrollo de una formación y al desempeño de una profesión o trabajo, que tienen por objeto la realización de la persona como individuo y como miembro de la sociedad», que será indemnizable en la medida en que sufran un menoscabo físico, intelectual, sensorial u orgánico (artículo 53).

c) Faja lumbar, perjuicio moderado

La faja lumbar es evidente que incapacita para realizar la mayoría de las tareas de vida cotidiana, ya que como es evidente, impide, entre otras actividades, cargar pesos, flexionarse para actividades tales como lavarse los dientes o hacer camas y dificulta la acción de sentarse o levantarse, explicaciones que por su verosimilitud deben ser acogidas, y que prevalecen frente a lo manifestado por la señora perito designada por la demandada que señaló que no le impedían comer, cocinar o ir a la compra, si bien aparte de que resulta más verosímil entender que quien lleva una faja lumbar no puede cargar pesos, como indicó el perito de la parte contraria, y en consecuencia no puede realizar la compra, en todo caso la actividad cotidiana no se limita a cocinar y comer e ir a la compra. Con respecto al reposo relativo y no realizar esfuerzos, también debe ser considerado como perjuicio personal moderado. El reposo relativo y la no realización de esfuerzos, impide al lesionado llevar a cabo actividades tales como practicar deporte, cargar peso y llevar una vida plenamente activa al objeto de guardar el reposo prescrito. En consecuencia, debe ser considerado como perjuicio moderado.

d) Período de perjuicio personal por lesiones temporales, finalización

El período de perjuicio personal por lesiones temporales finaliza al final del proceso curativo, o bien cuando la lesión se estabiliza y se convierte en secuela (artículo 134.1 del Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor). El concepto de sanidad, desde el punto de vista médico legal debe ponerse en relación con la idea de «estabilidad lesional». La sanidad se alcanza cuando se estabiliza la mejoría de la lesión. En el momento en que la actividad médica no obtiene una «mayor curación», una progresión en la salud, cuando finaliza el tratamiento médico curativo y las lesiones se estabilizan, sin posibilidad de mejoría de las secuelas. En ese momento se produce la sanidad desde el punto de vista médico legal, con la secuela correspondiente; y ahí finaliza la incapacidad temporal. La incapacidad temporal «comprende únicamente el periodo que se extiende hasta la curación o estabilización de las lesiones derivadas del siniestro, durante el cual la víctima recibió tratamiento médico. En consecuencia, una vez que las lesiones se estabilizan en el sentido de que no son susceptibles de curarse ni de mejorar con el tratamiento médico recibido, dicho daño corporal ha de valorarse como secuelas determinantes de una incapacidad, no ya temporal sino permanente» [SSTS 29 de julio de 2013 (Roj: STS 4424/2013, recurso 920/2011), 21 de enero de 2013 (Roj: STS 372/2013, recurso 1614/2009) y 19 de septiembre de 2011 (Roj: STS 5838/2011, recurso 1232/2008), entre otras].

e) Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral

El artículo 135 del Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor, bajo el título de «Indemnización por traumatismos menores de la columna vertebral», preceptúa que los traumatismos cervicales menores que «se diagnostican con base en la manifestación del lesionado sobre la existencia de dolor, y que no son susceptibles de verificación mediante pruebas médicas complementarias», se indemnizan siempre que se cumplan los criterio de causalidad: exclusión, cronológico, topográfico y de intensidad. Pero en la interpretación de este precepto suele incurrirse en una equivocación: se limita a las algias cervicales que se diagnostican en base exclusivamente a lo manifestado por el lesionado y no pueden verificarse o corroborarse. No obsta que la lesión cervical se acredite por resonancia magnética nuclear, confirmada por la electromiografía y así lo concluya el neurólogo. Constituyen pruebas objetivas concurrentes y suficientes.

f) Gastos de asistencia sanitaria y resarcibles

El artículo 55 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, relativo a asistencia sanitaria establece: A efectos de esta Ley se entiende por asistencia sanitaria la prestación de servicios médicos, hospitalarios, farmacéuticos, así como las prestaciones complementarias que se requieran para el diagnóstico o tratamiento de las lesiones y el transporte necesario para poder prestar la asistencia. A menos que sea objeto de una partida resarcitoria específica, se entiende que también incluye la prestación de servicios de rehabilitación.

El artículo 141 dispone: «1. Se resarcen los gastos de asistencia sanitaria y el importe de las prótesis, órtesis, ayudas técnicas y productos de apoyo para la autonomía personal que por prescripción facultativa necesite el lesionado hasta el final del proceso curativo o estabilización de la lesión y su conversión en secuela, siempre que se justifiquen debidamente y sean médicamente razonables en atención a la lesión sufrida y a sus circunstancias […]. 3. Se asimilan a los gastos de asistencia los relativos a los desplazamientos que el lesionado realice con ocasión de la asistencia sanitaria de sus lesiones temporales».

El artículo 142 relativo a Gastos diversos resarcibles establece: «1. También se resarcen los gastos que la lesión produce en el desarrollo de la vida ordinaria del lesionado hasta el final del proceso curativo o estabilización de la lesión y su conversión en secuela, siempre que se justifiquen y sean razonables en atención a sus circunstancias personales y familiares. / 2. En particular, siempre que se cumplan los requisitos del apartado anterior, se resarcen los incrementos de los costes de movilidad del lesionado».

g) Lucro cesante por lesiones temporales

El artículo 143 del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, que trata sobre el «Lucro cesante por lesiones temporales», dice lo siguiente:

«1. En los supuestos de lesiones temporales el lucro cesante consiste en la pérdida o disminución temporal de ingresos netos provenientes del trabajo personal del lesionado o, en caso de su dedicación exclusiva a las tareas del hogar, en una estimación del valor de dicha dedicación cuando no pueda desempeñarlas. La indemnización por pérdida o disminución de dedicación a las tareas del hogar es incompatible con el resarcimiento de los gastos generados por la sustitución de tales tareas.

2. La pérdida de ingresos netos variables se acreditará mediante la referencia a los percibidos en períodos análogos del año anterior al accidente o a la media de los obtenidos en los tres años inmediatamente anteriores al mismo, si ésta fuera superior.

3. De las cantidades que resultan de aplicar los criterios establecidos en los dos apartados anteriores se deducen las prestaciones de carácter público que perciba el lesionado por el mismo concepto.

4. La dedicación a las tareas del hogar se valorará en la cantidad diaria de un salario mínimo interprofesional anual hasta el importe máximo total correspondiente a una mensualidad en los supuestos de curación sin secuelas o con secuelas iguales o inferiores a tres puntos. En los demás casos se aplicarán los criterios previstos en el artículo 131 relativos al multiplicando aplicable en tales casos». ▄▄▄▄